TRIBUNA
¿Qué es eso de sensibilidad democrática?
U nos intelectuales, politólogos y profesores de Universidad han proclamado un manifiesto sobre la necesidad de reformar la norma suprema con varios objetivos —Estado plurinacional, federal, etc.— y entre ellos la de dar cabida a las «distintas sensibilidades democráticas». Sin entrar a debatir ahora —pues ya nos pronunciamos en varias ocasiones sobre el federalismo y la plurinacionalidad— sobre el manifiesto, que ya ha sido contestado por otro grupo de profesores ofreciendo un debate conjunto, si nos hemos parado a averiguar qué es eso de «sensibilidad democrática».
Por de pronto, el diccionario de la RAE nos dice que es una cualidad de sensible en la manera de sentir o de pensar, y que sus sinónimos son impresionable, delicado, sensitivo. Es decir que las posturas democráticas o los sentimientos deben de conjugarse al unísono con la democracia. A este respecto nos recuerda lo dicho por Kafka sobre la balanza de la justicia, que «debe estar inmóvil, pues si oscila no puede pesar con exactitud». Llevándolo al terreno de la «sensibilidad democrática «, ésta se vería acosada por tantas ideas, apetencias o presiones que no podría ejercer su misión de poder y de pueblo.
Hice la pregunta a alguien interesado por la política y el sindicalismo, y me contestó que eso de «sensibilidad democrática» era que la democracia puede ser «orgánica» o «popular»; totalitaria, vamos. No otra cosa es la representación a través de los organismos de la sociedad civil (y militar) en el primer caso y, en el segundo, el asalto al poder a través de la mano alzada en la calle. Lo que en el primer caso se llamó Movimiento después de una revolución militar y. en el segundo, se sirvió del «movimiento del 15-M» después de una manifestación callejera de asalto al Parlamento a través de las urnas, claro Y, algunos intelectuales, están convencidos que lo que hay que legalizar es la masa, la mano alzada, la algarabía, la presión forzada, la pancarta, la pintada: a eso llaman «sensibilidad». Como diría Ortega, «la masa no quiere ser masa, cada miembro de ella se cree personalidad directora…». Y estas masas —en realidad minorías exigentes— crean un problema y quieren que se soluciones a su manera, es decir, a su ambición.
Bien, admitamos que se deba de cuidar la sensibilidad de ciertas apetencias regionales —como ya lo manifesté en Las Regiones en pie»— o conjugar la diversidad en la unidad del Estado. Unas sensibilidades que, además de obedecer a un sistema aprobado democráticamente, estén signadas por el principio de lealtad y de solidaridad. Esta forma de convivir ya se aprobó por el 88,54% de los españoles —incluida la forma del Estado— en el año 1978. Lo que tratan ahora es de reformar —cambiar, quizás, la estructura de Estado o adaptarlo a su ideología política— la Constitución. Ésta ofrece numerosos planos sociales para admitir en ella todas las sensibilidades democráticas, excepción, claro, aquellas que quieran destruir la estructura del propio Estado. En el preámbulo de la CE se dice que proclama la voluntad de «garantizar la convivencia democrática» y «establecer una sociedad democrática avanzada»; en el artículo 6 que la voluntad popular se expresa a través del «pluralismo político»; en el artículo 131 se ofrece la «colaboración de los sindicatos»; en el artículo 143, se permite la «autonomía y autogobierno» de las provincias con «características históricas y culturales» comunes, etc.
Además de todo lo ofrecido, se han creado plataformas, observatorios, mesas, talleres, plataformas… de desarrollo de la sociedad civil. para el desarrollo de ideas, progresiones, resolución de problemas, etc. Todo ello bajo la égida de la ideología de los partidos políticos que son elementos fundamentales de la expresión ideológica popular y que —como se dice en el preámbulo de su creación (reforma de 2002 )— «realizan funciones de una importancia constitucional primaria»; todo ello bajo el principio de solidaridad que se consagra en el artículo 2 de la CE y que se va repitiendo en varias ocasiones a lo largo del articulado. A pesar de todo, si existen como se ve, varios ofrecimientos para la expresión democrática de la ciudadanía entre españoles, en sus territorios y normas jurídicas democráticas, ¿a qué se llama «sensibilidad democrática»? Pudiera ser, decimos, que se trate de tendencias que pretendan insolidaridad, deslealtad, separaciones, apetencias de minorías descontentas o sin sentido de la convivencia, quizás con otra visión de Estado.
Nota bene . El anterior escrito publicado en estas páginas sobre leonesismo, fue duramente criticado por un miembro del Consejo de UPL y cuyo texto solamente puede entenderse a través de la actitud de su discurso, a saber: pretende obligar lo qué debemos de escribir, la edad en que se tiene que hacer y, llama «carta» a un escrito que se publica en la página de Opinión, y en un espacio que se titula Tribuna. Por lo demás, sobre el fondo del tema del leonesismo me remito —entre otros— al libro León: entre la leonesidad y la política , Editorial Gomylex, Bilbao 2013.