TRIBUNA
Huellas históricas leonesas en Andalucía
D esde mi horizonte de «Viajar y Contar», he tenido la suerte de vivir y conocer hechos históricos promovidos por los reyes leoneses, y otros personajes de relieve, en tierras de Andalucía.
Se trata de una visita reciente a las ciudades de Córdoba, Sevilla y Huelva. Como es notorio, León con sus 20 reyes (nuestro himno: «24 reyes antes que en Castilla Leyes»), nos ha legado una herencia gloriosa obtenida a lo largo de la Reconquista.
Y lo más importante de su misión ha consistido en «hacer España» con mucho sacrificio y generosidad: desde la «dinastía asturiana», pasando por la «navarro-castellana», hasta la Borgoñona» (902-1230). Su último rey (siguiendo los pasos del leonés Cuevas Aller) fue Alfonso IX y, sin duda, uno de los más grandes, comparable, con Alfonso VII el Emperador (1126-1157), aunque la nota negativa de éste monarca fue dividir el Reino leonés entre sus dos hijos: Sancho (Castilla y Toledo), y Fernando II (León y Galicia).
Por fortuna, esta anómala situación fue corregida por Fernando III el Santo, hijo del último rey leonés, como he señalado, quien sucederá a su padre (1230) para reintegrar la unidad secular que había deshecho su abuelo (el rey emperador).
Pues bien, antes de ser conquistada Córdoba por Fernando III el Santo (1236) lo había intentado el rey emperador, pero sus hazañas en tierras de la Andalucía musulmana duraron poco tiempo ante la invasión de los almorávides, incluso se perdió Almería.
No obstante en su misión logró conquistar, entre otras plazas Úbeda y Baeza. Como recuerdo de esta victoria se conserva, en el museo de San Isidoro, el Pendón de Baeza, y que, en la actualidad, preside una cofradía de carácter religioso y cultural. Entre los grandes objetivos de Fernando III el Santo fueron la conquista de Córdoba (1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248). Con las nuevas tierras ganadas a los musulmanes, se introduce nuevamente en la Andalucía musulmana la cristianización, sin olvidar la herencia de la iglesia visigoda.
De todas formas, se respetan las mezquitas por su belleza monumental, tras algunas modificaciones o reformas. No quedan afectadas las estancias del «Patio de las Naranjas» (en ambas mezquitas), así como «el Alminar cordobés», y la «Giralda Sevillana».
Quizá la obra más llamativa en Córdoba ha sido la introducción de una catedral cristiana incrustada en el seno de la mezquita: siglos XVI-XVIII con estilos barroco y plateresco que, curiosamente, armonizan con la bicromía del arte de los omeyas.
Antes de abandonar Córdoba, el viajero tuvo ocasión de visitar otros monumentos y rincones históricos, pero la finalidad específica de la visita fue verificar las huellas históricas leonesas. En este sentido, debo citar: «El Alcázar de los cristianos», en las inmediaciones de la mezquita-catedral, palacio que mandó construir Alfonso XI, el justiciero, rey de Castilla y León (1311). Su influencia mudéjar es notoria, y destacan sus jardines con la inspiración árabe.
Durante la reconquista, los Reyes Católicos lo utilizaron como alojamiento en su estancia en Córdoba. Hoy es un lugar de visita turística que evoca los heroicos tiempos de luchas entre cristianos y musulmanes. No en vano, El Alcázar se asienta en palacios de emires y califas. En esta ciudad, como en cual otra, no se desvela en una jornada. Ahí quedan lugares históricos y monumentos para otras crónicas.
Tras estas breves anotaciones, el viajero inicia el camino hacia Sevilla para comentar la conquista por Fernando III el Santo (1248). Y, al mismo tiempo para recordar la herencia de la iglesia visigoda con las figuras egregias de San Leandro y singularmente de San Isidoro, arzobispo de Sevilla y doctor de las Españas.
He aquí un gran acontecimiento para la historia del Reino de León. Porque San Isidoro se hace leonés en el año 1063, rescatado de la Sevilla musulmana por una embajada del rey leones Fernando I con el objetivo de cobrar el Tributo al rey moro de Sevilla: Almotazid. Las reliquias del Santo, como es notorio, descansan en la Basílica de su nombre (antiguo templo de San Juan Bautista), y sobre las mismas se levanta la custodia del Santísimo Sacramento, expuesto desde tiempo inmemorial por singular privilegio. «Es la Colegiata de San Isidoro, de León, una institución espiritual, intelectual y artística, bajo el patrocinio del gran Santo Sevillano», en palabras del Abad Antonio Viñayo.
En la ciudad de Sevilla, como en Córdoba, los reyes leoneses desde Fernando I (1037-1065) se habían registrado incursiones en tierras musulmanes (Al-Ándalus), pero hasta la época de Fernando III el Santo (1248) no se había logrado la conquista definitiva. La mezquita sevillana, como he sugerido, se transformó desde el primer momento en catedral, y quedo armonizada con la Giralda. El estilo de la catedral corresponde al tercer periodo del gótico; una verdadera joya para la contemplación del mundo entero.
Ahora toca visitar Huelva-Cádiz para recordar un hecho glorioso como si algo quedase incorporado a nuestra vida: la hazaña de Guzmán el Bueno, objeto de una próxima crónica. A través de sus ejecutorias escuchamos su latido.
De esta forma, el alma de la ciudad de León erigió una estatua monumental que nos evoca la grandeza y generosidad de nuestro héroe. Yo creo que bien merece una semblanza.