TRIBUNA
Martín Villa, para el verano el culebrón

Y a a estas alturas ningún leonés puede dudar del daño, en todos los órdenes, identitarios, socioeconómico… que a los leoneses nos causó el que, siendo nuestro paisano, ha resultado ser nuestro verdugo inductor autonómico impenitente.
La noticia que paso a comentar, tocante a él, nada refrescante, todo lo contrario, un culebrón que a base de friccionar por derroteros políticos no hace otra cosa que quemarnos un mucho, va en torno a un regalo de los políticos del Partido Popular, ahora apeados del Gobierno y del mando parlamentario, cosa con la que no contaban, le propiciaron, consistente en añadirle un «laureado».
Hago alusión a su nombramiento como miembro de La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Se pretendía celebrar con él, 40 años de democracia constitucional en España , siendo un incombustible político que, junto a otros también azules, pasó sin solución de continuidad de actuante en régimen dictatorial a demócrata «convencido», con algún arraigado tic difícil de ocultar. Su alocución: Claves de la Transición.
¿Encaja en el foro de debate que supone la Academia? Pues tengo dudas razonables, si bien para ser precisos, creo que debo añadir con buen criterio, que su ensamble es de carácter político, de práctica perseverante en el tiempo, naciente y ejercitada en el autoritarismo, a quien nunca, al menos los leoneses, le hemos escuchado crítica alguna sobre su tan dispar comportamiento de corifeo autócrata a demócrata. Esto es, lo de atrás allá queda, nada hay que lavar, lo de ahora, desde la Transición, es lo que toca.
El artífice de nuestro encierro autonómico, que se niega a admitirlo como tal, y por ende nada ha hecho para reconducir nuestra situación diferenciada dentro del derecho constitucional que nos asiste, ahora sin poder, y lo tuvo todo, aunque de viva voz en cierta ocasión me lo negara, ahora captando más gloria entre los suyos, no tiene en su ánimo corregir el error con los leoneses de hoy embutidos a presión en un ente indeseado. ¿O es que no ve estadísticas ni estudios donde queda claro cómo vamos a menos y en picado?
Y además es incapaz de destacar ni el más mínimo apunte de lo histórico leonés. El discurso en la Academia lo demuestra. En tanto él, se aprestaba a lanzar su perorata como académico entrante, el 9 de abril 2018, bien dispuesto a dejar claro que no existía la Memoria Histórica, que en todo caso eran los recuerdos de cada cual, los leoneses, que pretendemos conservar nuestra historia diferenciada, sin forzados amasijos con lo castellano, estábamos prestos a leer en la misma semana, concretamente el sábado 14, en la plaza de San Isidoro, los Decreta que marcaron el hito histórico del parlamentarismo. De éstos, ni un leve apunte, cuando esta práctica legislativa del Reino de León, marcó un camino para arrumbar al momento actual.
Tal acontecimiento, el de 1188, ni lo valora, ni lo cita, puede que hasta le escueza, por aquello de los derechos humanos. Y digo esto último porque, en alguna declaración colateral en el momento academista, aseveró que en la primavera de 1977 los derechos humanos estaban legalmente reconocidos, ¡todos!, recalcó, supongo que los pretendía colocar como mérito de los políticos del régimen, reconvertidos, ¡ésos que habían apoyado, por acción, estando de ministros, firmando sentencias, o por omisión engañosa, mediante el silencio, apenas dos años atrás al dictador, 1975, cuando de todo el mundo llovían peticiones de revocación! Creo que se me entiende la idea sin cargar las tintas. Al igual que no puedo exculpar en modo alguno a los terroristas asesinos.
Parece que el paramés pretendía colocarse entre los que, prestando su aportación a las estructuras del Régimen, marcaban un servicio a la sociedad… excusatio non petita…
Ministro de la Gobernación entre 1976/1979, fue quien condecoró al conocido como Billy el Niño, y como aquí no trato de buscarle faltas, sí connotaciones, ahí lo dejo.
Puede que su comportamiento, el de colocar a fortiori a los leoneses en un ente autonómico que decíamos no aceptar, incluso en las calles bien gritado, y empecinado inventando unas razones nos ató a la cola de Castilla, fuera una muestra evidente del tíc autoritario reminiscente que cité.