CUERPO A TIERRA
La difícil tarea de ser juez
A ver, vaya por delante una aclaración para esas discusiones de cuñado que tanto se dan en las redes sociales y que no conducen a nada más que un malquistarse con el otro, aunque sea un desconocido. Y que están llegando a las cúpulas de los partidos políticos, aunque para mí resulte inexplicable. El ordenamiento jurídico y el código penal, como bien sabe el lector, no definen lo justo o lo injusto: simplemente castigan aquello que se sale de las leyes, que son una normativa para la vida en sociedad, en determinada sociedad y en un tiempo concreto. Estas tres variables, leyes, sociedad y tiempo, son el patrón desde el que valorar cualquier hecho, sea punible o plausible. En conjunto, componen el «espacio» dentro del cual moverse como individuos dentro de un grupo, incluso entre los animales menos socializados que el hombre existe algo semejante a ese código penal en la ley de la manada, un conjunto de normas en este caso no escritas cuya conculcación castiga el macho alfa cuando menos con un buen rugido.
Las leyes no las dicta el pueblo, no directamente, sino que las proponen sus representantes democráticamente elegidos y luego pasan a la aplicación del estamento judicial, salvo que se reúna medio millón de firmas en una iniciativa ciudadana y, aun así, hay que ver. Un juez, por tanto, más allá de la parte interpretable que tiene todo texto, no hace sino ajustarse en lo posible al espíritu de la ley, porque lo escrito o legislado es uno y los sucesos innúmeros. No parece tarea fácil: las leyes son genéricas y cada caso es particular, generándose mucha casuística diferente, por eso existen tribunales que revisan y en ocasiones revocan las decisiones tomadas por otros tribunales. Esto, que cualquiera que no sea un populista puro es capaz de entenderlo, a veces no lo comprenden tipos que se sientan en el parlamento. Cuando menos es una advertencia preocupante del nivel de nuestra democracia, si la medimos por quienes la representan.
Cabe la posibilidad de que a uno le parezca cabal, por ejemplo, la sentencia del primer juez que condenó a un empresario por transformar un yacimiento neolítico en un comedero para cabras, pero se debe acatar la enmienda de una posterior magistratura, que se supone más acendrada. Lo mismo vale, claro, para la revocación de una línea eléctrica que atenta contra la supervivencia del urogallo.