Taxistas en guerra
L os taxistas le están dando el verano al recién estrenado Gobierno de Pedro Sánchez y nos están amargando el comienzo de las vacaciones a muchos. Su huelga ha conseguido colapsar las grandes ciudades y yo todavía no se bien por qué si hay una legislación aprobada no se ha cumplido, y si se ha hecho por qué no se nos explica claramente en qué no están de acuerdo los huelguistas. He escuchado su grito de ¡guerra, guerra, guerra!, y he visto como algunos de sus miembros han utilizado métodos muy violentos e inaceptables para poner de manifiesto sus reivindicaciones.
Me hubiera gustado oír su voz igualmente cuando los usuarios nos hemos quejado sobre la limpieza de los taxi y la higiene personal o la falta de educación de los taxistas que en muchos casos, era y sigue siendo manifiestamente mejorable. También me habría encantado que al menos una vez hubieran reconocido que sus enemigos —porque para ellos no son competidores, sino enemigos a aniquilar— van limpios visten con traje y corbata, sus vehículos están impecables y ofrecen wifi gratis y revistas para hacer más corto el camino. Si en cualquier negocio la calidad del servicio cuenta en esto también y hay que reconocer que, aunque no se puede generalizar, en los servicios del taxi conviene aplicarse aquello de «renovarse o morir» y a veces para hacerlo es muy bueno que exista competencia.
En España, según los datos disponibles de septiembre del 2017 hay 67.089 licencias de taxi y cerca de 7.000 de VTC, según el Ministerio de Fomento. Es decir: un vehículo de alquiler con conductor por cada 10 taxis. Sin embargo, en algunas provincias esta diferencia se reduce: un VTC por cada siete taxis en la provincia de Madrid, uno por cada cinco en la provincia de Málaga y un vehículo de alquiler con conductor por cada tres licencias de taxi en Cantabria. Según la ley de transporte, debería haber uno por cada 30 taxis, aunque matiza que «las comunidades podrán modificar la regla de la proporcionalidad».
Aunque los taxistas tienen razón especialmente cuando apelan al cumplimiento de la ley, lo cierto es que las formas en que se está manejando el asunto dejan mucho que desear. La diferencia entre licencia de taxi y la de conductores es que no pueden captar clientes por la calle, ni salir del coche a buscarlo ni repartir panfletos publicitarios para ganar clientes. Más del 90% de los usuarios del taxi procede de la captación en la calle y aunque cada vez se está introduciendo más el servicio telemático de petición de taxi, lo cierto es que con buena voluntad y siempre cumpliendo la ley podrían operar todos sin problema.
Los taxistas, o se ponen las pilas o lo van pasar mal porque no se pueden poner puertas al campo y si la competencia, cumpliendo la ley, ofrece un mejor servicio y más barato sus reivindicaciones por mucho que sean razonables caerán al final en saco roto.