Lenguaje inclusivo
La Academia de la Lengua sigue dando vueltas en público a la cuestión de avanzar hacia un lenguaje inclusivo en los textos oficiales. Se está metiendo en un jardín, que a la postre terminará confundiéndonos a todos, mientras la docta institución acabará siendo calificada irremisiblemente de machista. Explica Luis García Montero, poeta y director del Instituto Cervantes el fondo del asunto con esclarecedora luminosidad: venía a decir que las personas con suficiente sensibilidad ya han avanzado en la búsqueda de fórmulas que amortigüen la discriminación. Así, en lugar de hablar de derechos del hombre, esas personas sutiles y bienintencionadas prefieren hablar de «derechos humanos», por ejemplo. La lengua es patrimonio de los hablantes, porque en todo caso somos nosotros los que ejercitaremos el dominio sobre ella. Por ese, quienes trabajan con la lengua y la codifican, siempre a posteriori de la palabra hablada o escrita, deberían limitarse pudorosamente a aplicar el buen sentido a su labor. Sin afán normativo y conteniendo su casi siempre extemporánea capacidad de indignación.