SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?
¿Otra vez?
E uropa se vio en medio de la Segunda Guerra Mundial porque no supo ni quiso atajar de raíz las amenazas que desembocaron en el mayor conflicto bélico hasta ahora conocido por la humanidad. Similar situación estamos viviendo los europeos actualmente.
Se dan ciertas circunstancias que ocurrían por la década de los treinta del siglo pasado. Podemos enunciar las siguientes: crisis económica prolongada, debilidad de los gobiernos estatales, políticas de un ineficaz apaciguamiento frente a potencias totalitarias, complejos en la defensa de los valores democráticos, el aislamiento de los EE UU.… y así se podría seguir con toda una pléyade de citas.
Las amenazas a la «pax europea» no dejan de aumentar. La división interna frente a los desafíos actuales son un claro ejemplo de que no existe una voluntad de atajar los problemas que sufre el viejo continente.
La última novedad en cuanto a crisis para la Unión Europea es la inmigración. Lo es porque la propia Unión no tiene voluntad de resolverla o al menos paliarla. Todo el mundo que está próximo al problema conoce las claves de este. Tres son las causas de la inmigración, a saber: pobreza, exceso de natalidad e inseguridad.
¿Está haciendo la Unión Europea algo eficaz para combatir estos tres detonantes de las migraciones? La respuesta es que menos de lo que debiera, empezando porque no hay una política común al respecto. Las consecuencias, entre otras muy lamentables, son la llegada incontrolada de inmigrantes y el temor y rechazo que están generando en los europeos.
¿Es legítimo buscar un futuro mejor por parte los inmigrantes? Pues claro que cualquier persona con un mínimo de corazón y sentido común contestaría que sí ¿Nos quedaríamos nosotros en nuestros países si nuestra vida y la de nuestros seres queridos no valiera nada? Claro que no.
No es incompatible garantizar la seguridad de nuestras fronteras con el hecho de ayudar a los que lo necesitan. Por cierto, tampoco es justo enviar a nuestros policías y guardias civiles a controlar una frontera sin recursos humanos ni materiales. Esto solo contribuye a que aumente el riesgo de graves incidentes.
Se debe tomar una decisión y lo más rápido posible en un doble sentido. Primero, asegurar nuestras fronteras tal y como reconoce el derecho internacional y segundo, establecer planes de ayuda cierta y eficaz a los países de origen que lo necesitan de verdad.
Si estas medidas se vieran acompañadas con una persecución real de las mafias que trafican con los inmigrantes y se les aplicaran las leyes penales nacionales e internacionales, evitaríamos que los inmigrantes fueran tratados como ganado, y se podría iniciar un nuevo camino hacia una inmigración racional y ordenada que fuera beneficiosa tanto para los inmigrantes como para las sociedades de acogida.
Europa necesita población y población joven, por ello no es racional rechazar a aquellos que de buena fe vienen a buscar un futuro para sus familias. Sí hay que rechazar e incluso encarcelar si fuera necesario a aquellos que quieren imponer su forma debida basada en el delito y extorsión, o simplemente en unas creencias que no respetan los derechos humanos.
No caben los complejos ante la opresión, ante las amenazas de los nuevos totalitarismos del este que se apoyan en unos EE UU que no quieren saber nada de Europa. No somos ni orientales ni defendemos un capitalismo radical, somos el estado social de derecho, esta es la idiosincrasia de Europa, esta es su fuerza. Aquí nació la cultura occidental y nadie la va a defender salvo nosotros. Eso sí, sí somo capaces de rascarnos un poco la piel y reencontrar nuestro ADN. O lo hacemos, o probablemente tendremos otro lío gordo.