Tentación electoral: el efecto arrastre
A lgunos sociólogos políticos —como Alberto Penadés— han explicado el efecto de arrastre muy elevado que ha obtenido Pedro Sánchez con su llegada al poder tras la moción de censura. Dicho efecto consiste, como es sabido, en que quien obtiene una victoria política o electoral suele conseguir un plus de popularidad súbito. «El efecto puede ser pasajero —ha escrito Penadés—, algunos lo llaman incluso luna de miel, y no siempre se manifiesta igual (a veces no se da, todo hay que decirlo)».
Y se ha dado el caso de que, en esta ocasión, el arrastre logrado por Sánchez ha sido el mayor de la etapa democrática, salvo el que logró Zapatero en 2004, probablemente por lo traumático de aquella coyuntura (recuérdese que fue tras los atentados del 11-M, cuando el favorito hasta el momento de la tragedia era Rajoy).
Sean cuales sean las causas, lo cierto es que Sánchez ha conseguido una proeza inesperada, que ha puesto fin a una larga etapa de atonía socialista que no tenía buen pronóstico puesto que el líder del PSOE ni siquiera es diputado en esta legislatura.
Pues bien: el arrastre de Pedro Sánchez se ha nutrido sobre todo del descalabro del PP, que se desprende del hecho de que el 17% de los ciudadanos en esta encuesta recuerdan haber votado al PP —lo hizo en realidad el 23% del censo— y sólo la mitad de ellos piensa —pensaba a comienzos de junio— volver a votar a ese partido.
El PSOE ha quedado, pues, muy en cabeza en las preferencias electorales, con la particularidad de que el nuevo líder del PP, Pablo Casado, que también podía haberse beneficiado de un cierto efecto arrastre, distinto del anterior, debido a su llegada al liderazgo, no está pudiendo aprovechar este tirón por el efecto demoledor que produce sobre su crédito personal el asunto del máster.
La buena posición del PSOE coincide asimismo con etapas de cierto desconcierto de los partidos «nuevos». Visiblemente, Albert Rivera contaba con que proseguiría el desplome del PP en manos de Rajoy, y ello le permitiría verosímilmente ocupar el liderazgo de la derecha. Los acontecimientos han descabalado esta expectativa. Y en cuanto a Unidos Podemos, la alianza de los populistas con IU no funciona.
Así las cosas, la tentación de Sánchez de disolver las cámaras y convocar elecciones debe ser intensa, porque en un escenario tan cambiante nadie sabe qué puede pasar en el futuro más o menos mediato. Entre agotar la legislatura en las condiciones actuales, con escasa capacidad de movimiento y prácticamente nulo control del parlamento, o convocar elecciones con buenas perspectivas, hay un dilema muy complicado de resolver. Seguro que Sánchez, en su fueron interno, está cargado de dudas.