HOJAS DE CHOPO
Ministerio del Tiempo
Esto de los asuntos del tiempo cada día se complica más, nunca llueve a gusto de todos. No se ha encontrado la fórmula definitiva para contentar a unos y otros, sino todo lo contrario, que nunca se sabe con precisión qué es. Menos, por supuesto, antídoto para la resignación, que no es estado que vaya mucho con nosotros, amantes empedernidos de lo imposible y sus zarandajas. Por eso en el reparto de ministerios habría de tenerse en cuenta algunos que estén vinculados al fenómeno apuntado y que, sin perder su condición metafórica —la metáfora es condición indispensable en el ejercicio del poder—, ponga manos a la obra, de muy difícil cometido, es verdad. Aunque sea necesario revestir la circunstancia con cierto aire sacerdotal de los augures romanos, que, siguiendo la tradición griega y etrusca, practicaban oficialmente la adivinación, entre otras de las señales del cielo. Incluso, si fuera necesario, reservando una partida presupuestaria, que no sería especialmente costosa, para la compra de algún pajarraco a fin de que sus vísceras ayuden a la exactitud de las predicciones, posiblemente asunto de una Dirección General mínimo, como ocurre con la transversalidad del Ministerio del Humo y sus Metáforas, tan consolidado.
Pongamos un ejemplo, dudoso metodológicamente puesto que pretende llegar a lo universal desde el análisis particular. Pero bueno, partiendo de la premisa de que aquí cuelan tantas cosas, acéptese o cámbiese la metodología. ¿Recuerdan la polémica levantada por los sesenta euros diarios que la Agencia Estatal de Meteorología cobraría a las Juntas Mayores de Semana Santa por «remitir información concreta a cada cofradía del tiempo durante el transcurso de su procesión»? Habría que añadir, digo yo, un artículo donde se deje claro que si el tiempo no es favorable, no se paga. Como mínimo. Añádase el posible atraso, o adelanto, coincidiendo con la bondad del clima. Añádase evitar lluvia y frío para una mayor asistencia a playas y chiringuitos. O una cantidad de agua, sol y temperatura para provocar la mejor cosecha del siglo. Añádanse las querencias personales, tan variadas, contradictorias y localizadas en no sé cuántos miniclimas. Y si no se cumplen, dimisión. Bien por falta de olfato del ministro o por la confusión provocada por la descomposición de las vísceras de los pajarracos. Hay que encontrar otros de mejor agüero, aunque se les vea el plumero. Esto de las aves tiene su misterio. No he dicho ministerio, ojo.