TRIBUNA
Réquiem por la montaña
E l cancionero leonés nos deja nostalgias, tristeza y, por desgracia, sin esperanza. Me refiero a esa canción que retumba desde el puerto de San Glorio hasta el puerto de Cova allá en las alturas de La Baña pasando por, Tarna, San Isidro, Vegarada, Piedrafita de la Tercia, Pajares, Leitariegos. Esos picachos que conforman la inmensa muralla de nuestra tierra, esas agujas que se elevan hacia el espacio infinito y alguien un día les dio forma, vida y música y ahí está: «Viva la montaña viva, viva el pueblo montañés que, si la montaña muere, España perdida es y la montaña es un jardín, los montañeses, las flores el que quiera ser feliz busque en la montaña amores...».
Por desgracia en esas montañas ya no podemos buscar amores, solo nostalgia y recuerdos porque hoy la montaña está triste y sola y ya no hay nadie que la corteje ni nadie para desposarla. Los montañeses se fueron y bajaron al llano o a la ribera o se fueron a las grandes ciudades o cruzaron nuestras fronteras, unos, allende los mares, otros, a la vieja Europa y buscaron nuevos vientos. De la montaña he venido, pero a la montaña ya no vuelvo, quizás vendré a recordar mi infancia o a poner una flor en la tumba de mis ancestros. No es que la montaña me destierre es que necesito dar vida y forma a mi ser y buscar nuevos horizontes para mi descendencia. Todo esto es triste y lamentable. Que envidia me da viajar por Suiza o Austria o por los grandes bosques de Germania o cruzar los Pirineos y ver que al otro lado hay vida, hay esperanza, hay futuro y lamentar que nuestra montaña quedó huérfana. Y ¿por qué? Yo no sé quien ha tenido a culpa. Yo no sé si los hados nos abandonaron, pero sí sé que ya no hay remedio.
Hoy los políticos buscan soluciones a la despoblación, buscan recuperar los territorios perdidos. En los foros políticos, parlamentos, gobiernos, se lanza proyectos que no tienen nombre sólo se dice que hay que recuperar los pueblos. Como sucede en la política, sólo se habla por intereses electoralistas. Creo que los nuevos políticos, salvo excepciones, ni nacieron en el pueblo, ni saben lo que es un pueblo ni vivieron en un pueblo. Puede ser que conozcan algún pueblo porque se come bien o porque quieren disfrutar de la naturaleza.
Hay un dicho histórico de la Universidad de Salamanca que dice «Quod natura non dat, Salmantica non præstat»; traducido al castellano: lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo otorga. Lo podemos aplicar no al pie de la letra y decir que no puedes amar lo que no conoces y menos si lo ignoras.
Esta nueva casta política, no tiene ni idea de lo que es pun pueblo, ni lo que es la montaña ni los sacrificios de los montañeses. Decía Unamuno que los nacionalismos se curan viajando. Aplicado a los políticos los problemas rurales hay verlos directamente in situ que viajen a la montaña y se darán cuenta de lo imposible que es recuperar lo que hace tiempo se perdió. Podríamos intentarlo. No digo que en determinadas zonas de la montaña no se hayan hecho esfuerzos por mantener a la población e inclusive por recuperarla, pero es la excepción.
Para que haya desarrollo de la montaña lo primero que hay que tener es buenas comunicaciones. Este es uno de los principales medios para un desarrollo. Es aquí donde podemos poner énfasis. Qué desarrollo puede haber en la montaña si las vías de comunicación son tercermundistas en líneas generales. Por ejemplo, la carretera de Santander que pasa por Riaño y penetra por San Glorio en la comunidad cántabra parece más una antigua calzada romana que una carretera. ¿Quién va a ser el aventurero que instale una industria en la zona cuando hoy todo es rapidez? Y no digamos la carretera de La Vecilla a Vegarada en la montaña del Curueño que es un camino de cabras en la que el encuentro de dos coches en algunas zonas los conductores deben de tener un pericia y precisión para no producir arañazos o causar besos destructivos. Cómo es posible una vía que da acceso a una estación de esquí, sea un riesgo para toda clase de vehículos. ¿Pero dónde están los políticos de la zona que no se preocupan de llamar a la puerta de la Junta y que se acuerden de una montaña que se muere y son incapaces de exigir a las administraciones un arreglo inmediato?
Yo no sé si a alguien le interesa, pero están haciendo un flaco favor al desarrollo y a la zona. Hoy en la montaña no hay alicientes. No hay proyectos fiables ni creo que a nadie interesa potenciar lo que ya hay que darlo por perdido. Y quisiera reafirmar mi pesimismo con aquella canción que siempre se tarareaba en las efemérides o festejos y que marca la desesperanza «Ya se van los pastores a la Extremadura ya se queda la sierra triste y oscura, Ya se van los pastores hacia la majada, ya se queda la sierra triste y callada».
Quisiera equivocarme porque como montañés solo deseo riqueza y proyectos para mi tierra, pero, por desgracia, no quisiera ser pesimista pero lo que está claro que no hay nada que nos lleve al optimismo. Hace tiempo que se perdió el tren y ya no vuelve porque no hay viajeros esperando en la vieja estación. Por desgracia solo nos queda apelar al espíritu cartujo cuando encuentran a un hermano en la paz del cenobio solo puede saludarle con la frase: morir tenemos, y la respuesta es: ya lo sabemos. Solo pido que los pocos que quedan en la montaña conserven las tradiciones de nuestros antepasados y no tengamos que suspirar por un réquiem de la montaña y repetir lo del cancionero: ya se queda la sierra triste y callada.