Diario de León

EDITORIAL | El efecto dominó debe dejarse oír

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El anunciado cierre de Vestas no sólo afecta a los trabajadores de la multinacional, sino a más de 30 empresas leonesas que desarrollan buena parte de su actividad para la eólica. En total unas 2.000 familias de forma directa tienen su futuro laboral pendiente del hilo de la voluntad de los gestores daneses, que hasta el momento no han hecho gala precisamente de sensibilidad social o laboral. Los empleados de la planta de Villadangos tratan de sumar a sus protestas, de forma visible, las de los otros 1.500 trabajadores que pueden perder también su empleo; incluso la voz de las empresas afectadas por el cierre.

Un apoyo y una voz que durante los más de dos meses de movilización se ha echado en falta. La plantilla de Vestas ha estado prácticamente sola durante todo este tiempo, mientras el resto de empresas y trabajadores esperaban una solución al conflicto que les permitiera mantener la actividad. De hecho, siguen esperando. En algunos casos se han negado a admitir que la parálisis de dos meses de actividad pone ya a buena parte de sus empleados en grave peligro de perder su empleo, que los expedientes de extinción de empleo se preparan desde hace semanas para sucederse en cascada, y que algunas sociedades tendrán dificultades para cuadrar cuentas sin los ingresos procedentes de la eólica.

Si la desaparición de Vestas se hace realidad sufrirán también de manera especial muchas localidades cercanas, donde vive la mayor parte de los trabajadores. Son muchos sueldos a restar de los ingresos de los negocios locales, y demasiados parados para que una economía como la de la zona pueda absorberlos.

El efecto dominó del cierre se perfila ya como un precipicio peliagudo. ¿Dónde están todos aquellos afectados directa o indirectamente? Sumar sus exigencias para que Vestas recapacite dibujaría un escenario de la realidad que espera a León mucho más nítido del que se presiente aún ahora. No hay ni un minuto más que perder. Se ha perdido ya demasiado.

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