León

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La literatura puede ser un cuchillo de palabras, pero depende quién lo empuñe para que el tajo sea superficial o profundo. Felicitas Rebaque presenta este jueves, en la Biblioteca Municipal Padre Isla, a las 19.30 horas, su nueva novela, Violeta mara.. mara… maravilla, en el que uno de los dos protagonistas es una chica con síndrome de Down, que da nombre a la obra. La tengo sobre mi mesa, será mi próxima lectura. El personaje de Violeta me interesa mucho, solo recuerdo haber leído una novela, El ruido y la furia, de Faulkner, en la que se le conceda voz a alguien ‘diferente’. Utilizaba el sureño un célebre verso de Shakespeare, en Macbeth, en el que se proclama que la vida es un cuento repleto de ruido y de furia contado por un tonto y que nada significa. No es esta concepción que la escritora tiene del mundo ni de los distintos. Su vitalismo generoso se lo impide. Opina que todo tiene siempre solución, que pasa por el amor y sus seudónimos, pero también por la justicia emocional. Dice Violeta: «(…) los chicos son malos. Se ríen de mí. Creen que soy tonta, pero no lo soy. Soy mongólica, tonta no. No me dejan ir con ellos». Según me explica, la obra no está dirigida a lectores de una edad concreta, pues la madurez tiene fronteras brumosas. Una de las grandes victorias de las mujeres ha sido leer más y mejor, conocer otros mundos que su propio ámbito. Para ellas, todo lo bello es autobiografía. Su poder radica en la capacidad para hacer igual al distinto.

Buscamos en los otros las obras que nos corresponde escribir. Esto explica que las historias existan en ti antes de que hayas empezado a contarlas. Violeta eligió a su autora, porque no basta el oficio para darle voz a una chica con síndrome de Down. Es otro de los misterios del cuchillo de palabras, de su filo de luz dorada. Tampoco todos sangramos igual

Buena suerte, en tu presentación, Felicitas Rebaque. Que esa tarde la lluvia se quede en casa y que las perezas sean vencidas, pues nos presentaras a tu Violeta, para que nos conquiste. Y luego, como en la canción que Sabina le dedicó a la Vargas: «Que no nos cierran el bar de la esquina/ que el corazón no pase de moda». La elección de Violeta fue acertada. Seguro.

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