cuerpo a tierra
Hacia otra democracia
A la democracia consultiva que tanto se propugna en los últimos tiempos, ese sacar las urnas para pedirle al pueblo que ratifique o rechace cualquier decisión de gobierno, todavía le queda un tiempo para ser una realidad. El lugar de esa democracia de opinión, en la actualidad, está en internet y las redes sociales. Pero estas también son, entre otras cosas más, un espacio de ocio global y sin horario de cierre, por lo que el debate, al aparecer entre chistes y fotos de gatitos, no solo se diluye en un océano de comentarios inabarcable en el que cada vez es más complicado separar el grano de la paja, sino que pierde seriedad. Pero tal vez esa pretensión hoy por hoy utópica no esté demasiado lejos: cuando logren habilitarse unas plataformas completamente seguras y sólidas en las redes como para que no exista hueco para la manipulación.
El día que esa democracia electrónica llegue, será posible algún ensayo de una democracia directa, con refrendos en línea, plebiscitos en tiempo real e iniciativas populares. La vía intermedia, la democracia deliberativa, donde se debate en busca de un obligado consenso evitando las votaciones que al final siempre imponen lo que se ha dado en llamar la «tiranía de la mayoría», creo que en nuestro país, tan dado a las discusiones que se exacerban sin fin, es un horizonte mucho más improbable. De todos modos, ahora mismo solo es aplicada muy tímidamente en Suiza. Mientras tanto, en fin, no está de más recordar que la nuestra es una democracia representativa. Ello quiere decir que elegimos a unos representantes para decidir por nosotros. Que, nos guste o no su tono, son nuestra voz. Y que cuando, como es común, se alejan de lo que nos prometieron, acercándose a los intereses de las oligarquías, poco podemos hacer, aparte del pataleo en el bar o de una firma en change.org.
Más allá de la Ley D’Hont y las listas cerradas convenidas por los partidos políticos, la rémora principal de nuestra democracia acaso sea esta falta de interacción en un mundo, precisamente, que está en interacción continua. Habría que ir haciendo algo, empezando por un estricto control del cumplimiento de los deberes de nuestros delegados electos, hacia otra dimensión de la democracia. Pero con mucho tino. No voy a negar que me parece muy atractiva una sociedad sin políticos, pero el self-service no ha triunfado ni en la hostelería.