TRIBUNA
¿Quién escribe la historia?

L a respuesta a esta pregunta es muy conocida: «la historia la escriben los vencedores». Es cierto que siempre ha sido así, pero en los últimos tiempos se hace necesario añadir algo más, «la historia la escriben también los farsantes».
Con la llegada de la democracia, los políticos españoles crearon las autonomías, a las que les concedieron una serie de competencias que nunca debieron dar. Entre esas competencias está la de Cultura. Hace ya bastantes años, cayó en mis manos un libro titulado Historia de Euskalerría, un texto de los centros de enseñanza de las Vascongadas. En ese libro se narra «la gran Batalla de Murgia» (en español Murguía). En la Edad Media, las Vascongadas eran territorio de Castilla. Como territorio castellano, los vascos pagaban sus impuestos a Castilla. Siguiendo la costumbre, el rey de Castilla enviaba siempre un pequeño comando a cobrar los impuestos reglamentarios. En una ocasión, regresando a Burgos los recaudadores de los impuestos, en la subida al puerto de Urquiola, cerca de Murguía, fueron atacados por unos cuantos vascos que les quitaron el dinero recaudado y les dieron muerte. Este ataque a los cobradores castellanos es considerado como la gran batalla de Euskalerría contra Castilla. Desde entonces, Euskalerría tuvo plena autonomía dentro de Castilla con sus propias leyes ancestrales no escritas.
Son muchos los periodistas que han escrito artículos sobre la manipulación que tienen los libros de texto, especialmente la Historia, en las autonomías donde gobiernan los partidos nacionalistas. Lo sorprendente es que en algunas autonomías no nacionalistas está ocurriendo algo similar. El pasado 4 de agosto, por la tarde, vi un programa de televisión en el canal de Extremadura donde estaban transmitiendo un programa titulado Historia de Extremadura. Estaba dirigido por tres expertos en Historia: un profesor, un catedrático y un director de Historia. Ellos mismos se presentaron así con sus propios nombres en el programa.
Los tres hombres se iban turnando en sus discursos. Éstas son algunas de las cosas más destacadas que dijeron: en el siglo XII, el rey de León, Fernando II, crea la Orden de los Caballeros de Santiago. Según otro de los historiadores, no existía el Reino de León, existía la provincia de León, que se componía de la región leonesa, Galicia y Asturias. Tampoco existía el Reino de Castilla, existía la provincia de Castilla, que se componía de las Vascongadas, la región castellana y Toledo. El tercer historiador, sin dar detalles, dijo que se creó el Reino de Castilla y León bajo la Corona de Castilla. Uno de los historiadores llegó a decir, como si fuera una lección magistral, que Extremadura fue reconquistada por la Orden de los Caballeros de Santiago y, que instalaron la capital en Jerez de los Caballeros. Los otros dos historiadores confirmaron lo dicho por el primero.
Continuaron diciendo que Extremadura tuvo vida propia como si fuera un Reino. En ningún momento salió a relucir el nombre de Alfonso IX (que debe ser llamado Alfonso VIII de León) el verdadero reconquistador del Reino musulmán de Badajoz, ni tampoco llegaron a decir que Alfonso IX incorporó el Reino de Badajoz al Reino de León y que le había concedido a la ciudad de Cáceres el primer fuero de su historia.
No llego a comprender el silencio casi sepulcral que tienen los historiadores con el más grande de los reyes medievales, el rey Alfonso VIII de León, conocido como Alfonso IX. Alfonso IX funda la Universidad de Salamanca, la primera universidad de España que ostentó oficialmente el título de universidad y los salmantinos, en la amplia publicidad que están haciendo para conmemorar el octavo centenario de su fundación, ni le nombran.
Alfonso IX crea las primeras Cortes Democráticas del mundo, todo un honor para León y para España. ¿Qué ha hecho León para dar a conocer al gran Alfonso IX? Aparte unos pocos carteles en las entradas por carretera a la ciudad de León, no ha hecho nada para que se conozca su obra y su nombre.
En cualquier otra ciudad de España tendría la mejor calle o la mejor plaza dedicada a su nombre y, desde luego, se conmemoraría con todos los honores la creación de esas Cortes democráticas.
Solamente la ciudad de La Coruña y algo también en Santiago han tratado al rey de León con todo honor, como se merece. No sólo León, toda España debería estar orgullosa de Alfonso IX.
La realidad es que, como en Extremadura, ni figura en los libros de texto, los estudiantes españoles no saben nada de Alfonso IX.
La creación de las autonomías con la concesión de la competencia de la cultura es la causante de estas aberraciones. Hoy, en la mayoría de las autonomías, por no decir en todas, ya no se estudia Historia de España en los centros españoles de enseñanza. Hoy se estudia una historia regional inventada en cada autonomía.
Hoy, en algunas autonomías se está inculcando en los ciudadanos el odio a España y a todo lo español. Hoy, en algunas autonomías, no se puede pronunciar la palabra España, es como una blasfemia. Hasta en el fútbol los periodistas no dicen selección española, dicen «la roja».
El nacionalismo, el independentismo, las historias inventadas, el odio a España y a todo lo español son la consecuencia de la creación de las autonomías. Todas estas aberraciones, que aumentan año tras año, no desaparecerán mientras existan las autonomías tal como hoy existen.
Hace cuarenta años nadie hubiera creído que Extremadura se hizo a sí misma, todo el mundo sabía que había sido parte del Reino de León. Hace cuarenta nadie hubiera creído que Castilla y León, dos de los reinos más antiguos y carismáticos de España hayan desaparecido del mapa. En su lugar, los políticos han creado una autonomía con el pomposo nombre de Castilla y León, donde León no existe y Castilla ha sido hecha pedazos.
No tengo la menor duda de que las autonomías llevarán a España a una segura destrucción.