TRIBUNA
Un 12 de octubre en Estrasburgo

D e regreso a casa, a España, desde Estrasburgo donde he participado como parte de la delegación española en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, escribo estas líneas. Es 12 de octubre, nuestra Fiesta Nacional y no puedo evitar pensar, tras una semana trabajando con parlamentarios de más de 40 países, que si volviera a nacer, si pudiera elegir, sería española. No hay comparación. Nuestra historia, nuestros logros, generaciones y generaciones de españoles que han luchado por legar un país mejor a la siguiente generación... Han sido tantas las contribuciones españolas a la historia de la humanidad. Todos nos sabemos los fracasos, va en el carácter español tan noventayochesco, pero es tan injusto que no nos recordemos a diario que hemos contribuido tantas veces a mejorar el mundo en el que vivimos. Se me viene a la mente el submarino, el teleférico, el helicóptero, el traje espacial, el primer hospital general, la circulación de la sangre, la vacuna contra el cólera e incluso la primera máquina de vapor.
El descubrimiento de América por España hace 526 años también es celebrar por ejemplo, que si la Universidad de Harvard, la más antigua de los EE UU, fue creada en 1636, para aquella fecha, España ya había ido creando desde casi un siglo antes, una veintena de universidades a lo largo y ancho de América. Celebrar el día de la hispanidad es recordarnos la aportación española al mundo a través de la cultura, con Cervantes, Baroja, Quevedo, Unamuno, Lope, Calderón, Picasso, Dalí, Gaudí, Goya, Velázquez, Bécquer, Buñuel, Machado, Falla o Albéniz. Es recordar que en español han escrito sus obras García Márquez, Neruda, Octavio Paz, Borges, Sábato, Cortazar, Rulfo y Rubén Darío.
En cualquier caso, no es este un artículo para enumerar la larga herencia de contribuciones españolas a la historia de la humanidad. No tendría espacio suficiente. Pero de vuelta de Estrasburgo venía pensando en todo esto. Sobretodo después de alguna experiencia que he vivido aquí. Esta semana en el Consejo de Europa, hemos debatido sobre la descentralización de los Estados. La delegación española fue la que más participantes aportó al debate. La sombra del secesionismo independentista es larga, e incluso aquí y bajo bandera española intenta extender su propaganda. Todos queríamos intervenir: PP, Cs, PdCAt, PNV, puesto que todos formamos la delegación española, mal que les pese a estos últimos.
Tuve la fortuna de intervenir no solo como parte de la delegación española, sino que el PP europeo me seleccionó para defender la postura de todo el Partido Europeo en esta cuestión. La descentralización ha de servir a las personas no a los nacionalismos. No es un fin, es un medio para mejorar el acceso a los servicios públicos de los ciudadanos. Por eso aproveché mi intervención para lanzar a todos nuestros colegas europeos dos mensajes, tras 40 años de experiencia en descentralización de nuestro país.
En España tenemos múltiples ejemplos de una mal entendida descentralización, al servicio de la creación de nuevas identidades, privilegios y enfrentamientos. Pero también tenemos, como señalé, experiencias exitosas de descentralización al servicio de los ciudadanos. Castilla y León es un ejemplo. Siempre en los primeros puestos en educación, sanidad y servicios de dependencia de calidad. Es imprescindible incardinar todo proceso de descentralización bajo el principio de lealtad institucional y contar con los mecanismos de control o de coerción federal, que dirían los alemanes, que aseguren que la descentralización sirve a los ciudadanos y no a intereses secesionistas. Dos ideas que han quedado reflejadas en el documento oficial aprobado gracias a dos enmiendas que logramos fuesen aprobadas. Y así llegamos hasta este 12 de octubre que he tenido la suerte de celebrar, tras el fin de la asamblea, en la embajada española en Estrasburgo. Ya de vuelta entro en twitter y en facebook, veo a varios nacional-independentistas criticando que el resto de españoles estén en la Manifestación de Barcelona por el día de la hispanidad. Veo manadas de fascistas independentistas gritando desde la calle «españoles hijos de puta» bajo un balcón en Vitoria porque tenía una bandera de España.
Nuestra Nación se enfrenta a muchos problemas, y nuestra democracia no es perfecta, pero nunca hemos tenido que saltarnos la Constitución, la legalidad, el Estado de derecho, y los derechos de los ciudadanos para cumplir el mandato ciudadano. La voluntad del pueblo español lleva 40 años residiendo en las Cortes Generales democráticamente elegidas. Una voluntad popular que intentó ser violentada el 23 F y que ahora pretende ser cercenada invocando la «voluntad popular». Jamás podrá vencer a la Razón y a la Ley quien se escuda en el «pueblo» . Eso seria claudicar frente a la cobardia. Pues solo un cobarde esconde sus felonias tras los ciudadanos.
Millones de catalanes llevan décadas siendo asediados por la destructiva razón de ser, de unos cuantos visionarios sin escrúpulos, que han antepuesto su sueño de ser vireyes de una ínsula barataria, a las necesidades reales de los catalanes.
La mayoría de catalanes y vascos, quieren ser ciudadanos libres e iguales y vivir en un Estado de derecho, donde los delincuentes son quienes se saltan la ley y no quienes la hacen cumplir. Como leonesa y española, quiero estar con ellos. Su causa es mi causa. Y eso he defendido en Europa.