El lobo precisa soluciones, no ocurrencias
Las sentencias sobre la situación del lobo en Castilla y León ha generado un marco de inestabilidad y de falta de concreción que sólo genera conflictos. Parece totalmente defendible la postura de intentar priorizar la defensa de la naturaleza y de uno de sus principales símbolos en la península de la fauna que habita sus montes. Pero también es lógico que se apueste por establecer fórmulas de convivencia con el resto de seres que también tienen su forma de vida en esos mismos parajes, y más cuando se trata de personas que tienen en la ganadería su forma de subsistencia. La convivencia del lobo con las personas y con sus animales domésticos es una necesidad a la que la sociedad debe dar una respuesta. Y no parece razonable que se den por buenas las ocurrencias. Plantear a estas alturas que la solución pasa por armar a los ganaderos para que se defiendan como puedan parece algo más propios del Lejano Oeste de las viejas películas estadounideses. El lobo precisa un arreglo pactado. Probablemente se ha dejado tanto tiempo el conflicto abierto que las posiciones parezcan ahora irreconciliables.