Diario de León
Álvaro Caballero
León

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La foto, en blanco y negro, retrata en primer plano de espaldas a un minero desnudo que, camino de las duchas, tira su ropa a la esquina del vestuario en la que se amontonan sin concierto alguno los cascos, los monos y las botas de sus compañeros de tajo. Es el 13 de diciembre de 1991 y el protagonista acaba de subir por última vez en la jaula del pozo Herrera 2, el único que quedaba ya entonces en funcionamiento

en Hulleras de Sabero. Todo se cita en esa imagen de César. Todo el contexto de lo que ha venido después se resume en la instantánea en la que las cuencas mineras empezaron a entregar el trabajo de sus hijos sin otra contrapartida que los subsidios de los deudos como limosna. No hay nada que escape

a los márgenes del retrato que ahora, tres décadas después de que se esbozaran los primeros planes de reestructuración del sector, encuentran la firma del nuevo acuerdo de mesa camilla entre el ministerio y los sindicatos con el que se entierra el carbón en la provincia y se abandona a las térmicas.

Ahí quedan, arrumbadas en la esquina, las cuencas mineras leonesas. Sin apenas ruido y con la connivencia de los mismos sindicatos que han sido cómplices en buena parte de la historia, se

entregan los últimos empleos de uno de los sectores que fue bandera de la provincia. No hay otros para reemplazarlos, ni alternativas industriales fiables después de miles de millones de euros de fondos Miner que la Junta empleó para ahorrarse sus inversiones y los ayuntamientos para levantar edificios vacíos;

decenas de millones que las empresas emplearon para extorsionar a la administración mientras empujaban a los trabajadores a la huelga y les colgaban el cartel de privilegiados por sus prejubilaciones.

No existen salidas para esos 10.000 metros cuadrados que se quedan sin actividad, como se lamenta con cinismo para sacar rédito político ahora la consejera autonómica de Industria del PP, Pilar del Olmo, después de años y años de mirar para otro lado cuando tocaba planificar las infraestructuras

estratégicas e incentivar la instalación de las empresas. No aparece el trabajo que una vez más el PSOE, ruin en sus planteamientos, fía al mismo horizonte futuro de reestructuración del que hablaba hace tres décadas con lengua de serpiente. Sólo quedan los últimos mineros que, desnudos camino de la ducha,

tiran el mono porque saben que detrás de ellos no viene nadie.

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