TRIBUNA
Del rampante león púrpura al verde abanico andaluz

U na versión muy personal, o a ojo de profano sufridor. A nuestra Caja de Ahorros y Monte de Piedad, la del León rampante, evolucionando, evolucionando, hasta en el símbolo transformado en un toro y nominalmente en Caja España, entre todos la mataron y… algunos políticos de León, además, «tiraban de la pata».
Entrando en un juego de palabras, respecto a los bancos, se ha de decir que también se llegaron a enfrascar en el tema piedad, que tan buen uso inicial anunció y cumplió, algunos años, «nuestra Caja», pero en aquéllos la podemos citar para anunciar su carencia: «sin piedad». Y ello porque en su devenir en busca insaciable de beneficios, como se fue comprobando, nos empezaron a cobrar hasta por usar sus instalaciones; sin olvidar el tema hipotecas, donde el tomador podía perder lo hipotecado, y seguir teniendo que devolver capital e intereses, aunque fuera desposeído del bien.
Valga lo dicho como introducción. La Caja creada en León en 1900, en sus orígenes hay que destacar a la Real Sociedad Económica de Amigos del País, llevaba en su nominación primero destacar la principal intención que la movía: ayudar a los leoneses necesitados, de ahí Monte de Piedad, seguido con su dedicación a Caja de Ahorros de León, en atención al depositante/impositor, como entonces se decía, para invertir la gestión de los ahorros en ayuda de leoneses que hoy muchos de ellos serían llamados «emprendedores», rescatándolos de las garras de los usureros del momento, pues eran familias muy poderosas las que manejaban tan fatales como reprobables prácticas.
La provincia sacando adelante su potencial, casi desconocido, sería un eslabón importante en la marcha de la entidad, más en pos de un ideal que como meta, tan bien dirigida en los orígenes como bienintencionada. Pronto se empezaron a instalar algo más que sucursales en plazas importantes de aquélla, pues, a veces alcanzaban la condición de centros de confraternidad entre leoneses.
Casi medio siglo después, puede que ya adornada con el mercantilismo de la época, transforma la denominación, puede que con las preferencias y motivaciones, pasó a citarse como Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León.
El humanitario proceder de ayuda al prójimo, de fundamento y origen poco comercial, sin duda se va difuminando al ver al impositor como cliente al que hay que captar ante la competencia de los bancos. Un juego en el que poco a poco también llegaron a entrar las cajas.
En León la Banca Fernandez-Llamazares, como se denominaba en 1924 al pasar a ser absorbida por el Banco Bilbao, había cubierto una parte importante de su actividad entre nosotros los leoneses en su largo siglo de vida. Un final cuarto de éste, en convivencia con la Caja, resultó un corto recorrido en paralelo, y de poca afinidad en ejercicio. Pues, según pareceres de la época, escasamente se podían equiparar una a la otra.
Cuando nuestra Caja entró en la confederación de éstas, más o menos, adoptó el más simple título de Caja León, pero como símbolo permanecía el león, ¡seguía siendo nuestra!, y con la reminiscencia que le era posible, en cuanto apoyo, ayuda y comprensión, mantenía lo que llamaron obra social. Los llamados «patronos», hombres buenos, supongo, como consejeros, pronto serían sustituidos progresivamente por los políticos cuando la Transición hacia la Democracia estaba en marcha. Un paso en falso su entrada, para ellos provechosa intromisión.
El león se cayó como emblema, cuando, en la Comunidad a la que nos aherrojaron, empezaban a mostrar su interés en quedarse con todo lo leonés (regional). Movidos por el deseo centralizador, también para las cajas tenían plan. Habían jugado sus bazas para fundirlas y eliminar el nombre de León. Así nació el astado con trazos casi púrpura y el nombre Caja España en letra dorada, de conformidad para los autonomistas castellanos del ente, que siempre se han creído España. Para su inventado pueblo único autonómico castellanoleonés, fruto de su enfermizo interés, una sola Caja.
En la última década dictatorial franquista, en León se creó un banco netamente leonés, Banco Industrial de León, muy conveniente para operar de forma especial en los campos agrícola y ganadero, propios, así como en la minería con potencial suficiente, y teniendo presente la proyección regional, Región Leonesa. Potentados leoneses estuvieron en su creación. En el recuerdo industrial inicial Vidriera Leonesa, Tilsa (Textil Industrial Leonesa) etc. En 1976 se fusionó o fue absorbido por el Banco de Fomento. Muy buena parte de sus instalaciones serían compradas en 1994 por la entonces potente Caja España.
El afán centralizador del ente autonómico, aunque conseguido en este caso solo a medias, la «cautivaría». Los manejos políticos posteriores y la mala dirección técnica, marcarían un declive no esperado. Luego, como otras, entraría con la crisis y las malas prácticas, en la senda del recate. Para sobrevivir hubo de transformarse en banco, entrando en negociaciones con una caja del sur. Entonces los cuatro trazos del toro, como símbolo, fueron acortados a poco más que la testuz, pero usando el color verde: Caja EspañaDuero, para ser banco.
Ahora ya ni león rampante, ni toro español, dominada plenamente por la caja del sur, absorbida y controlada, se estrena un nuevo símbolo, las láminas de un acaracolado abanico en verdes tonalidades: Unicaja Banco, largo viento dejaba…
Permítaseme el atrevimiento iniciado, y seguir con Lorca: …verde que te quiero verde… Yo ya no soy yo/ ni mi casa es ya mi casa… dónde está, dime… leonés ‘Nuestra Caja’.