Cinema Emperador
Se empacharon de besos aquellas butacas forradas de terciopelo color carmesí que clarean aún moteadas de polvo en la platea. Hace 12 años que se apagó el cañón del proyector que arramó por ultima vez los fotogramas de Cinema Paradiso, en el año 2006, para servir de epitafio inmejorable a un cine que había servido como escenario de la educación sentimental de la ciudad desde los albores de los años 50. No recuerdo bien cuál fue la película con la que me despedí de esa pantalla, donde mi tío Jesús me abrió los ojos a un mundo soñado con celuloide, donde encontré en la segunda fila las cenizas de la revolución mejicana de Pancho Villa en los ojos de Gringo Viejo, donde aprendí que el teatro sirve para conocer la tramoya de la realidad sin filtros de pantalla. Apenas queda que rastro de ese espacio. Ni siquiera resta el reclamo con fondo rojo y grandes letras en blanco que anunciaba el pasaporte a un universo que se abría después de rebasar las grandes escalinatas por las que se accedía al gallinero y los palcos. Tres lustros después, el Emperador aguarda como una ficción a que las administraciones públicas le rescaten de las promesas incumplidas que lo han convertido en un objeto del inventario.
La invitación para que el Ayuntamiento de León asuma la titularidad, lanzada por el nuevo ministro de Cultura -qué más da el nombre, si esta columna puede ser rescatada dentro de dos años sin variaciones más allá de las temporales- sirve como excusa para el remake que perpetúa el enredo del histórico edificio. El guión parte de la presentación de la compra del inmueble, negociada por Amilivia y firmada por el Gobierno de Zapatero en 2008, y tensa el nudo desde el mandato socialista que entregó el proyecto de construcción de la sede del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y Musicales (Inaem) abandonado para que lo heredara el Ejecutivo de Rajoy, que no quiso saber nada e, incluso, sacó a subasta el inmueble. La trama se ceba ahora con la entrada del Psoe otra vez en Moncloa, la aparición de una alternativa para rescatar el teatro con el concurso del consistorio y la Junta y la convocatoria de las elecciones municipales, autonómicas y, quién sabe si nacionales, para el mes de mayo. La intriga planteada hace que todavía no se sepa si es un drama o una comedia. Quizá sólo dependa de la voluntad de los espectadores. Puede que todo se esconda en la moraleja que trataba de enseñarle Alfredo a Totó en Cinema Paradiso cuando le explicaba que “el progreso llega demasiado tarde”. Fundido a negro.
MARIO RIVAS
+Laciana no piensa quedarse parada ante la crisis del carbón. El Ayuntamiento ha adquirido la antigua térmica para hacerla visitable y atraer turismo.