TRIBUNA

Bolsillo de cristal y el museo... ahora diocesano

Obras del Museo Diocesano y de la Semana Santa en el claustro del Obispado de León.

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MÁXIMO SOTO CALVO / ASOCIACIÓN PRO IDENTIDAD LEONESA
León

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  MÁXIMO SOTO CALVO / ASOCIACIÓN PRO IDENTIDAD LEONESA

Siempre, en su fecha, me ha gustado escribir sobre la Navidad, circunstancia amable cuando menos, familiar, y reconfortante casi siempre, aunque ¡nada hay perfecto!, contemplada desde una postura respetuosa para los creyentes, aunque a éstos les cueste cantar el mea culpa más que un villancico.

En esta ocasión, rompiendo tal costumbre, no he podido eludir la cuestión Museo de Semana Santa, en reciente candelero, y lo hago desde mi posición tradicionalista leonesa. Días atrás la Diputación soltó un buen dinero para las obras que se están desarrollando en el patio interior del Seminario ubicado en frente de la Catedral, nuestra Pulchra, que desde siempre la alta mirada de sus torres ha contemplado tan singular edificio de porte renacentista. Dos fotografías de distinta fecha del Seminario motivaron que afloraran recuerdos. La de antaño, la labor de los seminaristas, que acudieron a salvar del fuego, localizado en la techumbre catedralicia, importantes obras que el gran templo albergaba. Hoy no se repetiría la estampa rescatadora por la sencilla razón de que no los hay, y ahí lo dejo. En la otra se ha podido ver en obras, el gran patio seminarista.

Comparando la foto actual con otras anteriores, cuando con euforía semanasantera se habían comenzado las obras, y las catas de los restos medievales y romanos frenaban ímpetus, al tiempo que ofrecían otras posibilidades, podemos observar que ya han desaparecido los hallazgos, tapados para evitar tentaciones, y hacer bueno el refrán: muerto el perro…, sí, ya sé, han sido previamente documentados.

Para los importantes restos romanos hallados en el subsuelo, que me propuse defender en una Tribuna titulada La doble transparencia en un Museo publicada en este medio, pedía tal vez un imposible, un piso lucera de cristal que dejara ver los restos arqueológicos, dada la afición que se tiene desde «patrimonio provincial» y no digamos del autonómico amordazador, a la zahorra o la gruesa arena con las que tapar todo; eso sí se rodeada de propaganda con aquello que nos suena a remoquete, más que a otra cosa: previa documentación del hallazgo.

Tres circunstancias me preocuparon, y casi podía decir que en el orden que las enumero; en origen: ¿Qué iba a ser de los restos romanos, principalmente, y de otros (medievales) que bajo la tierra del patio se encontraron? Más adelante: ¿Dónde están las cofradías de Semana Santa de la capital, acaso no participan ni tan siquiera en la labor ‘in vigilando’? Y, ¿ya no se pretende tener en exposición permanente las obras escultóricas, nuestros mejores pasos que se procesionan en León capital? Ésta última no sin el concatenado ¿o no estaba así previsto?

Bajo el gran titular, que me motiva, «Fundación del Museo Diocesano… y de la Semana Santa» (los puntos sucesivos son míos) se encierra una nueva intencionalidad: el privilegio preferencial de los dueños del edificio, dirigiendo las obras de restauración «de su patrimonio» para valores artísticos parroquiales y eclesiales, ¡qué venga el dinero oficial!

Las cofradías, según han dicho, nada colaboradoras dinerariamente, (tampoco el pueblo llano en supuesto micromecenazgo) parece que han de estar a lo que se les permita: ocupar y disponer, sin rataplanes ni clarines propios. Por lo que voy leyendo interpreto que la autoridad eclesial no ofrece un compromiso cediendo protagonismo a las cofradías, sino que establece normas, más allá del ámbito religioso, en lo organizativo y tradicional.

Las hermandades, no sin razón, siempre han sido celosas de su patrimonio en imágenes, y aleatorio de tronos, del mismo modo que lo es la iglesia para lo suyo, lo vimos cuando el alcalde Fernández, sopesaba reacondicionar el Palacio del Conde Luna para museo con la condición de que aquéllas cedieran las figuras más representativas. Sin acuerdo, según vimos.

Hoy, el presidente de la fundación, muestra perplejidad porque las cofradías, para algo que llevaban pidiendo años, ¡un Museo!, y ahora que él les facilita la ejecución, se muestren indecisas y retraídas, si bien silencia que la obra se realiza en suelo eclesial y todo suena a aprovechamiento de la coyuntura: restaurar, que siempre es revalorizar y dominar. El gran edificio tiene en funcionamiento un espacio residencial. Los últimos dineros que facilitó la Diputación Provincial se destinarán a remozar la fachada principal, y al parecer también para ensanchar la puerta de acceso por Mariano D. Berrueta. Las dimensiones son muy importantes, hay grandes pasos, para los que hay una solución intermedia: la acogida transitoria antes y después de las procesiones, o en cortos plazos, bien montados, si tal como van las cosas está más que difícil la musealización,

Supongo que para la cubrición del gran patio entre galerías, estará «en el aire» el proyecto de cristal, si es que no está claro que se vayan a mostrar «pasos» en él. Máxime si las tallas, tienen previsto alojarlas en «salas», si hay tal depósito.

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Otra superficie de cristal, la del suelo del patio, total o parcial para poner en valor los restos romanos, nuestros orígenes como ciudad, se ha quedado en utopía, la zahorra manda. Para todo el proceso de restauración y acondicionamiento es bueno pedir también «un bolso de cristal», entiéndase bien, no por distracción de caudales, sino por la aplicación para lo que se pidieron.