LA GALERNA
Vivir y morir en soledad
La soledad es uno de los grandes problemas de la sociedad actual. Es algo mundial, planetario, que no tiene fronteras. Y huele mal. Tanto, que ya se empieza a escuchar aquí y allá. Urge abordar el asunto, dicen las autoridades. Ese tufo es el que lleva, en la mayoría de las ocasiones, a descubrir el cadáver. Ancianos que llevan días, semanas o hasta meses muertos en su casa. No se había dado cuenta nadie porque viven en la soledad más absoluta, la misma que silencia su fallecimiento como un manto negro que todo lo cubre.
Cada año, aparecen en León una media de 30 personas muertas en su casa sin que nadie lo sepa. Ocurre con demasiada frecuencia. Alguna llamada de vez en cuando del Teléfono de la Esperanza para comprobar que siguen ahí. Y poco más. Así están muchos mayores en las sociedades que nos creemos desarrolladas. En esto tampoco hemos avanzado, sino todo lo contrario. Cada vez hay más personas mayores y cada vez hay menos gente que se ocupe de ellas. Es un problema crónico con mal pronóstico.
Este mal aparece con frecuencia en los últimos años de la vida, cuando nos creemos menos útiles, pero hace acto de presencia cada vez antes. De hecho, puedes sentirte tremendamente solo sin ser mayor y, a la vez, estar rodeado de gente. Es una presencia extraña a la que no has llamado pero de la que es difícil escabullirse.
Dicen los expertos que entre los jóvenes cada vez se sufre más la soledad. Es curioso. Adolescentes hiperconectados, con cientos o miles de seguidores en las redes sociales, pero solos, abducidos por la presión de alcanzar el éxito social, desconectados de los suyos.
La soledad, cuando no es una elección, es un problema social. Por eso aplaudo el plan que ha puesto en marcha el Ayuntamiento de León para controlar los mayores que viven solos a través de la instalación de dispositivos tecnológicos que controlarán los consumos de agua y electricidad y alertan cuando estos muestren niveles por debajo de los habituales. Una buena iniciativa municipal. Aliviará, al menos en parte, la soledad de muchos de nuestros mayores, pero no evitará el gran problema que supone vivir desatendido.