cartas al director
¡Los padres a la escuela!
A ntes de que vayan los hijos a la escuela, los padres deberían ser educados, saber qué es lo mejor para sus hijos.
Los profesores de hoy en día, parece ser que están obligados por las altas esferas a construir la casa por el tejado. Los pilares de una sociedad se sostienen por: padres, abuelos y demás familia, un proverbio africano dice: A los hijos no solo les educa los padres, sino que tienen que educarles toda la tribu.
¿De qué sirve que un profesor se esfuerce durante su jornada diaria en transmitir no solo contenidos sino también valores y principios, si cuando llegan a sus casas esos valores y principios no solo son cuestionados sino también refutados? A los hijos se les están dando falsas ilusiones como que no es imprescindible el estudiar, saber idiomas, Humanidades, física, química, ser constante, esforzarse, sacrificarse con perseverancia. Sin estos valores y otros, es imposible que se inculque una educación. A menudo oímos decir frases como estas: «mira fulanito o fulanita no tienen estudios y cómo viven, cuantos millones tienen, como han triunfado son famosos, estos sí que son listos y no como esos que tienen tantas carreras, idiomas, muchos conocimientos, de qué les sirven si están en el paro o fregando escaleras». Con estas retrógradas actitudes ¿qué se puede esperar? ¿a quién le interesa que los jóvenes no estudien? ¿existe algún interés oculto? Pues si no quieren invertir en cultura, invertirán construyendo cárceles. Si queremos mejorar como sociedad, hemos de estudiar el pasado sin pudor haciendo una autocrítica constructiva, el cómo y el porqué, hacer frente con valentía el presente y conseguir forjar con inteligencia el futuro para no avergonzarnos el mañana.
Debemos de preocuparnos y luchar como decía mi abuelo maestro en 1915 «viva la buena educación», no solo lo decía sino dio fe de cumplirlo. El futuro de nuestros hijos es el mayor tesoro que un país pueda tener, es un lienzo en blanco sobre el que podemos pintar un futuro esperanzador o bien un futuro aterrador, vacío de esperanza e ilusión, en nuestras manos está el plasmar el futuro que queramos.
Juan Fernández Martínez