Diario de León

Suárez-Tarradellas, política de nivel

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AL DÍA FERNANDO JÁUREGUI
León

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S in duda se equivoca quien crea que en política las formas no valen al menos tanto como el fondo. O más. Que el accidentado Consejo de Ministros celebrado este viernes en Barcelona —un gesto, el de esta celebración allí, que salió mal no por culpa de quien lo programó— haya aprobado que el aeropuerto barcelonés del Prat pase a llamarse Aeropuerto Josep Tarredellas es un mero símbolo, si usted quiere. Lo mismo que, en su día, lo fue bautizar al aeropuerto de Barajas con el nombre de Adolfo Suárez. Pero es que resulta que la política vive de signos.

Me congratulo incluso de un gesto tan escasamente práctico como el puesto en práctica ayer anulando la inicua sentencia franquista de fusilar a Companys. Quizá esta política gestual, tan cara a Iván Redondo, no sea lo sustancial, sino lo accesorio. Pero estará usted de acuerdo conmigo en que, si cuando algunos lo demandábamos, el Senado se hubiese trasladado a la entonces llamada Ciudad Condal, o el Tribunal de Cuentas a Girona, pongamos por caso, las conexiones de Cataluña con el resto del Estado, o sea, de España, serían mucho más sólidas.

Pero no es el momento de llorar sobre la leche derramada. Nos hemos equivocado todos, comenzando por los medios de comunicación, y punto. Los errores han proliferado a ambos lados del Ebro. Lo sustancial ahora es no seguir equivocándose. Me parece que hay que exagerar incluso en la política de gestos de buena voluntad, en vez de mantenerse en la permanente amenaza contra quienes piensan y sienten diferente. Claro que el golpismo, sea del signo que sea, tiene que tener un castigo: pero eso lo determinarán los tribunales cuando toque, que pienso que va a ser bien pronto. Y después, veremos lo que se hace.

Mientras, hay que insistir en los gestos de diplomacia, de acercamiento, de paz y de conllevanza. Claro que ahora Pedro Sánchez, que confieso que me está sorprendiendo por su flexibilidad, tendrá que bajar a la tierra. Pero pienso que, se esté donde se esté políticamente, se milite donde se milite, hay que apoyar todos los esfuerzos de manos tendidas entre dos mundos, el catalán, el del resto de España, condenados irremisiblemente a entenderse. Como Suárez y Tarradellas, ahora unidos por el puente aéreo.

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