Sólo quedan las 3 B
Se acabó. Aunque del pasado quedan tantas lecciones como deudas exigibles, y de no arremangarse desde ayer para arañar lo propio no cabe más darnos a todos una vez más con la estaca del olvido. Por imbéciles y flojos. En nuestras manos está que no sea así.
Aún me cuesta creer que después de tantos años de argumentos, peroratas y neumáticos ardiendo la minería sucumba en un patético y revelador silencio. Y no, no se trata de levantarse contra lo inevitable. Sabemos desde hace mucho que las cosas tienen que cambiar, como lo saben desde otros sectores tanto o más contaminantes que siguen agazapados en el tolerante mirar para otro lado sin que les acorralen como se ha hecho con el carbón. Se trataba (hay que hablar en pasado) de dotar a todas las zonas desde hace años en reconversión de una ‘transición justa’, como se apostilla ahora a las acciones de cierre y punto de esta condenada forma de generación contaminante. La que se ha elegido como debilitada cabeza de turco por quienes tienen que pilotar este cambio energético exprés.
Es cierto que las empresas mineras no llegaron al momento de echar el pulso en las mejores condiciones. Ya se encargaron los sucesivos gobiernos, desde hace mucho, de debilitarlas donde más las dolía (en las ayudas sin las que no podían seguir adelante, pero legales al fin e incumplidas reiteradamente desde una parte pública que hace años está enredada en la vendetta y la prepotencia). Y desde las propias empresas, expertas en trampear sin visión de futuro.
Aquí nadie puede escupir para arriba, pero hay obligación de mirar al futuro. La transición, justa o no, viene acompañada de ayudas y planes que sólo depende de los leoneses que se queden en papel mojado (como ha ocurrido hasta ahora) o que se materialicen en opciones de futuro. Mirar hacia delante implica reclamar sin condiciones las deudas del pasado. Arañar hasta el límite las esquinas del marco de transición justa en vigor para que las palabras se traduzcan en realidades. Poner la vista en las políticas de Bruselas, desde la potencialidad investigadora de la que tanto presumimos. Exigir a las empresas que se van compensaciones que las istancias políticas van a pregonar, pero no a concretar.
Y aquello que la familia Escudero asegura que le enseñaron como fórmula infalible para triunfar en la pujante empresa familiar. La fórmula de las 3 B: Bista, Balor y Buevos. Ya es hora de que las comarcas y políticos mineros y provinciales las pongan en su balanza. Ahora o nunca.