La transición justa llega demasiado tarde
No se puede decir que la cuenca minera de la montaña central no lo esperara, después de tantos meses de incertidumbre y endurecimiento de las condiciones de futuro para todo lo que tenga que ver con el carbón. Pero tampoco que la decisión de Naturgy de solicitar el cierre definitivo de los dos grupos de la central térmica de La Robla no haya caído como un jarro de agua fría en toda la comarca. Sin térmica no hay posibilidad de que la minería continúe, y sin mina tampoco tiene sentido la central. Y ambas industrias agonizan sin vislumbrar un mínimo horizonte que permita al menos amortiguar el golpe de la desaparición inmediata de aquellas actividades de las que depende prácticamente toda la economía de la zona, ya sea de manera directa o indirecta.
Comienzan ahora las quejas y las exigencias, pero quizá sea demasiado tarde. De lamentar es sobre todo el silencio en el que se ha envuelto el brusco fin de la histórica industria energética leonesa, amordazado por intereses políticos de uno u otro signo, según el partido en el Gobierno. Las cuencas, la provincia, debieron levantarse al unísono y con fuerza hace tiempo. Ahora queda poco más que intentar salvar algunos muebles.