Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Tal como viene 2019, desearle al lector una buena entrada de año sería una ingenuidad irresponsable. ¡Corramos a parapetarnos detrás del sofá! En su salón o en el mío. Este año viene para mandarlo directamente a la selva de la que procede. Mejor exijamos que nos remitan ya el 2020. Calendarios aparte, lo que sí tiene sentido es expresar nuestros respectivos buenos propósitos. Leo en el muro de José Luis Pellitero una bella cita de Chesterton: «El objetivo del Año Nuevo no debería de ser tener un año nuevo, sino ua alma nueva. (…) A menos que un hombre comience totalmente de cero no hará nada efectivo». Reino Unido contó en el pasado siglo con un extraordinario listado de escritores católicos, inspirados en su mayoría por Chesterton pero también por el magisterio del cardenal Newman. Eran minoría, pero luminosamente influyentes. Nada que ver con el reaccionarismo que asoma por el horizonte del mundo. Los días anteriores a las fiestas navideñas las he pasado en un hospital, haciendo compañía a un ser querido. Mi libro de lectura en esas largas horas fue Un hobbit, un armario y una Gran Guerra, un ensayo de Joseph Loconte (Larrad Ediciones), en el que analiza la amistad entre Tolkien (católico) y C. S. Lewis (anglicano), marcados por la vivencia en las trincheras, entre 1914-1918. Pese a ello, en sus obras brillaría después la convicción de que existe un cobijo frente al caos: la fe. Cómo no recordar aquel verso de Eliot (anglocatólico): «Lo que llamamos comienzo a menudo es final/ y llegar a final es comenzar». Ahora bien, eran creyentes pero también demócratas.

En Brasil, Bolsonaro habla de Dios, pero aprobará que los ciudadanos puedan ir armados. Vox irrumpe como extrema derecha, con unos años de retraso respecto a la extrema izquierda, igual de preocupante. En efecto, desearnos una buena entrada de años sería una insignificancia.

Hagamos caso a Chesterton. Menos renovación de ropero, y más almas nuevas. También en esta provincia en la que, ay, de seguir así, no quedará cuerpo en el que recibirlas. ¿Seremos capaces los leoneses del siglo XXI de crear belleza y verdad en estos tiempos aciagos, o nos conformaremos con ser meras piezas del engranaje que amenaza con engullirnos?

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