Diario de León
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PANORAMA FERNANDO JAÚREGUI
León

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Q uizá no deba decir que Pablo Casado me ha sorprendido gratamente en los últimos días, porque llevo años insistiendo en que, en mi opinión, es uno de los políticos mejor dotados que he conocido tras su admirado Adolfo Suárez. Quizá deba decir que el aún flamante presidente del PP llevaba unas semanas sorprendiéndome ingratamente, y ahora le veo como renacer de sus cenizas: el pacto en Andalucía, sin hacer demasiadas concesiones a lo que significa Vox, manteniendo al tiempo la alianza con Ciudadanos, es un auténtico encaje de bolillos.

Casado se enfrenta a una convención del PP la semana próxima, una especie de congreso con otro nombre, lleno de trampas, riesgos y también de promesas y alicientes para él. Va a concurrir como el hombre que, con su negociación a tres bandas tan difíciles, ganó Andalucía, ya veremos por cuánto tiempo, pero el caso es que ganó. Y llegará a la ‘cumbre’ de los ‘populares’ con un partido aparentemente fortalecido de su ruptura interna en las anteriores primarias, tras haber superado difíciles escollos en Cataluña, Cantabria, Levante, tras plaza complicadas... entre otras. Verenos si es capaz de llevar a su Convención a personajes como el correoso Rajoy o el caudillista Aznar; eso sería, sin duda, un triunfo de imagen, que es lo que más cuenta en la política de nuestros días.

Vox es un escollo difícil en muchas partes del territorio, entre ellas Madrid, donde Casado aún no tiene a sus candidatos estelares para la Comunidad y el Ayuntamiento. No podrá ganar en solitario: la inactividad, la frialdad y la lejanía de las personas impuestas por Rajoy dejará huella.

No, no soy del PP ni he votado a este partido. Pero la quiebra de los valores es tan grande que hay una rendija orientada hacia la consolidación de valores y del ‘statu quo’: me parece que, como Casado no sé dé cuenta de que estos son sus grandes activos, y se lance a la aventura de competir con la locura de Vox en cuanto a cortar cabezas de inmigrantes, de los que se sienten de alguna manera diferentes, de los desheredados de la fortuna, le irá mal. Porque, por mucho que esté involucionando en este cuarto de hora difícil la sociedad española, que lo está, los grandes, sagrados, principios de la justicia, la equidad, las libertades y la plena democracia saldrán, al fin, fortalecidos, y ay de quien abjurare de ellos.

Casado puede ser un referente, alguien que contribuya a poner fin a este período de volatines políticos. Para ello, tendrá que dejarse de ‘boutades’, de brindis al sol, de sesiones de control parlamentario insultantes y aportar las soluciones eternas, basadas en el consenso, en el pacto, en el acuerdo y en las ideas positivas. Estoy deseando ver qué diablos hace a continuación el señor Casado, para quitar esos paréntesis de cautela que he puesto en mis titulares al elogio a su figura.

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