Diario de León
Publicado por
CARLOS ANTÓN ROGER Exfuncionario de prisiones y eSCRITOR
León

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N i soy psiquiatra, ni como tal me considero, pero con mi gran etapa de estudio personal y tanto por lo que etiqueta mi trabajo pasado, considero en el escribir/leer, mis cábalas sobre lo indicado (ya son trece años). He leído a varios autores al respecto, ya dicho con atención e interés, al respecto de lo propuesto. Real como objeto y verdadero en sentido material y formal, pero sin pecar en el acto del manido ‘máster’, con lo cual me han imbuido en querer saber el sentido o sentidos de tales y tras varios años, quisiera como el título apunta, analizar y reescribir la relación entre el dolor y la atención; tema más que curioso y singular en el caso de la esquizofrenia, con respecto a una enfermedad en la mayoría de los casos genética en parte y adquirida en su mayor medida. Digo de nacimiento, en su decana envergadura y como tal, reitero el hablar y haber hablado con esquizoides, y cierto y real, he observado, que su recargado lenguaje, no lo veo, como fruto de ningún esfuerzo deliberadamente ‘poético’, tal vez, yo lo interpreto en otros problemas subyacentes.

El clásico, como enfermedad mental, se entiende sin ningún esfuerzo deliberado. En el propio dicho animismo, ser en el gran saber y entender de la propia enfermedad, yo me remonto al siglo XII, en que tal era tratada con moralidad y sin necesidad de fármacos. (Fernando Colina, indicaba, que bajo una aceptación general, reconocíamos que la Psiquiatría era hija de la cultura a la que pertenecía). Son tan solo tres siglos y con el tiempo apuntado, observo y leo, que es radicalmente inculta en cuanto a tiempo dicho, tiempo de instauración. Se habla con respecto a ella... Leeremos a Foocault por tiempo y forma antes que a Shopenhauver, pero en mi desacuerdo, en tan siquiera ver de que trata siempre y aceptando al padre de la Psiquiatría Moral, la real, Philipp Pinnell, sin fármacos curativos al igual que Shopenhauver lo interpretaba con un sentido ético moral (La Ética siempre se ha dislocado en dos ramas, racional e irracional), para un tratamiento moralizante (La Ética de Diógenes, Ética a fin de cuentas, irracional pero sabia), es mi contrariedad, siquiera leer de que trata, por siempre aceptado y querido, al dicho fundador de la Psiquiatría Moral, la cierta, sin la necesidad de fármacos ni farmacéuticas para su tratamiento moralizante. Sus comienzos fueron en la Salpetriére (1795-1820 Francia) y regalar en mi nombre al mencionado, sin ninguna necesidad o necesidadades impostadas. Sus estudios sobre la esquizofrenia se traspasaron a sus discípulos, Esquirol, Falrret, Baillarger, Kraepelin... interesantes sus lecturas e investigaciones, pero con la premisa del repetido enfoque moral dicho y no en el sentido alienado, más bien con los conocimientos adquiridos a tantas patologías cerebrales, que José Mª Álvarez, Leones, Dr. en Psicología (Autor del libro, La invención de las enfermedades mentales (1960), escribió y propuso su continuación; pero lo de querer y seguir... se quedó supeditado a la nada al tomar contacto las industrias farmacéuticas multinacionales en el gran negocio que se les presentaba, la «reducción de cabezas» (cronicidad), a través de lo mencionado o por otra parte el asimilar o concomitar, que una persona sana, selecciona tan solo aquellas asociaciones ligadas al pensamiento, que quieren o queremos expresar. Daniel Goleman (psicólogo estadunidense), apuntaba en sus libros, El punto Ciego, Inteligencia Emocional (I) (II) , que el esquizoide, carece de la capacidad de inhibir los pensamientos irrelevantes y queda sometido al flujo de conexiones erráticas que revelan sus frases; clara evidencia, de una profunda disfunción en su capacidad de atención, y que me indica o nos indica lo apuntado; que la admistracción de fármacos, decir... naltresona, olanzapina, pisperidona, aripiprazal... etc...también provocan efectos inesperados y dudosos en el fin de paliar o normalizar su capacidad de atención y obviamente la cronicidad eterna. Endorfinas mitigantes del dolor y facilitadores de la supresión del sufrimiento, que contienen radicales opuestos a lo pretendido, cierto de su aumento de la atención, pero igualmente cierto, agudizantes del dolor mencionado, cronicidad al fin, y es que las fases del esquizoide; (podrómica, aguda, catatónica, residual, estable, hebebrénica...) se pueden situar como ya comentado a lo largo del presente artículo y en fases moralizadoras, hasta la residual, como entender vida normal y familiar. A medida que ascendemos en la escala de los seres vivos, aumentamos la o las facultades nerviosas que tenemos inherentes, es decir, las facultades de sufrir, y yo me suelo preguntar; ¿acaso serán una misma cosa sufrir y pensar? Siempre tiene razón el sufrimiento, dado que el que teme sufrir, ya sufre de temor (sufrir y llorar, significa vivir, así lo expresaba el gran F. Dostoyevski).

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