Diario de León

TRIBUNA

Nueve de febrero, la Aparición

Publicado por
MÁXIMO CAYÓN DIÉGUEZ CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE LEÓN
León

Creado:

Actualizado:

E l maridaje espiritual y milenario que mantienen León y la Virgen del Mercado, la Antigua del Camino, se encuentra rastreando las huellas de pretéritas centurias. Y es que la alianza que sostienen ‘Santa María del Camino de los Franceses’ y la capital del Viejo Reino es un vínculo de muy sólidos cimientos piadosos o, si se prefiere, un lazo devocional que prevalece desde calendas muy lejanas. Se trata, en suma, de un hontanar donde el fervor, su claridad concreta y deslumbrante, ilumina los caminos, generación tras generación, de la memoria colectiva.

Una tradición secular anota que, el 9 de febrero del año 560, la Virgen se apareció a un pastor entre la asperidad de una zarza, en el lugar donde hoy se alza una cruz de piedra en la plaza de Santa María del Camino, conocida popularmente como plaza del Grano. Un legajo de 1663 acredita esta referencia.

Y en la sacristía de la iglesia, templo románico de la primera mitad del siglo XII, de tres naves, con hechuras de sepulcro, situado a la vera del Camino Francés, Bien de Interés Cultural desde el 28 de septiembre de 1973, la escena tiene reproducción en un fresco del muro norte de la citada dependencia.

Sin duda alguna, la ‘Morenica del Mercado’ es una de las máximas devociones de los leoneses. Y ese sentimiento es más perceptible que nunca el Viernes de Dolores, cuando en su recorrido anual por la más íntima topografía urbana leonesa la Sagrada Imagen suscita en las reconditeces del alma sensaciones de una enorme intensidad emocional. Es una estampa que se mide por siglos, un documento plástico que hacen posible el pulso de la piedad y el latido de la fe.

Ahora bien, La Aparición es la tradicional fiesta del barrio de Nuestra Señora del Mercado. Y aunque los usos y costumbres han cambiado, todos los naturales de esta barriada, aunque tengan fijada su residencia en otros puntos de la ciudad o, incluso, de la geografía española, tienen señalado el 9 de febrero con piedra blanca en su calendario particular, que es como decir que conservan frescas las enseñanzas que recibieron de sus mayores, posibilitando así la preservación de un legado henchido de vivencias y recuerdos y firmemente arraigado en sus corazones.

Bien es verdad que ya no hay hoguera en la plaza del Grano. Tampoco fuegos artificiales, concurso de pintura o “Carrera de la Rosca”. Ni siquiera baile, en fechas pretéritas propiciado por los sones que salían de un humilde organillo, impregnando de alegría el alma de las gentes. Y mucho menos partido de fútbol, capítulo deportivo imprescindible antaño en el programa de actos de las fiestas del barrio.

Recuérdese que el Júpiter Leonés se fundó en la calle de Puerta Moneda el 14 de julio de 1929, entre otros, por Juan Manuel Alonso, Juama, vecino del número 9 de dicha calle, que fue empleado del Diario de León y autor de distintos trabajos periodísticos en las páginas de este periódico durante muchos años, por su hermano Evaristo, por Manuel Santamaría Provecho, Alberto Cordero y Severino Rodríguez, todos ellos mozos de la barriada.

De la modestia de aquel club baste subrayar que estableció su sede social en el atrio de la iglesia del Mercado. En febrero de 1947, el mismo Juama, alma máter del equipo, con motivo de la fiesta La Aparición, escribía que el Júpiter Leonés se enfrentó al equipo de Navatejera, “luciendo sus flamantes maillots azulgranas, orgullo del club del Mercado”.

De aquella época data asimismo la siguiente visión personal de Victoriano Crémer: “no es propiamente una calle, ni una barriada, ni un paraje urbano, de características diferenciales. Puertamoneda es un mundo”.

El poeta de “Nuevos cantos de vida y esperanza”, domiciliado entonces en el número 10 de este acceso principal del Camino de Santiago en León, y, por ende, la famosa revista de poesía “Espadaña”, escribió siempre sin separación alguna la titulatura de esta arteria urbana.

Todo aquello, como digo, desapareció para siempre, producto, desde luego, del signo de los tiempos. En cambio, lo que no se ha eclipsado es la esencia y el carácter de la festividad. Una y otro tienen sus señales más indicativas en el “ramo” semicircular, que, con su exorno correspondiente, engalana el arco de la puerta del templo parroquial cada 9 de febrero, y, por supuesto, en la solemne Eucaristía que se celebra, cuando el sol ha rendido sus lanzas, con asistencia masiva de fieles.

Habida cuenta de lo dicho, y aún con las limitaciones expuestas, en el barrio de Nuestra Señora del Mercado, la ‘Aparición’ sigue siendo una fiesta para la convivencia, un día de alegría y regocijo para el vecindario, unas horas revestidas por ese espíritu fraterno que ayuda a echar por tierra recelos y suspicacias entre las gentes de buena voluntad.

En resumidas cuentas, una jornada donde aflora también inevitablemente con una fuerza inusitada la estela de las remembranzas.

La misma que ha hecho posible la redacción de estos renglones a un leonés de la calle de Puerta Moneda, como es mi caso.

tracking