La fragmentación de la izquierda aleja el frente común
La teoría de las disgregadas fuerzas de izquierda en León habla de responsabilidad y búsqueda de puntos comunes (en realidad, acuerdos de reparto de puestos en listas que consigan limar las aristas de los egos y las pretensiones de tocar sillón) para engarzar un frente común capaz de aglutinar el voto y sumar fuerzas frente a la amenaza de la ola de los partidos de derechas. La práctica de todos estos discursos sólo muestra una fragmentación que crece, y multiplica las piezas cada vez más difíciles de encajar en un complejo puzzle. Incluso dentro de formaciones políticas pretendidamente compartidas.
Ahí está el caso de Podemos: los dos candidatos que han ocupado el cargo de concejales en el Ayuntamiento de León han sido derrotados por un nuevo aspirante. División de fuerzas con diferencias de votos muy ajustadas, que pone en evidencia sobre todo la falta de liderazgo de todos ellos y las dificultades para alcanzar puntos mínimos de convergencia. Propuestas partidistas divergentes al son que marcan sobre todo las desavenencias de los hoy enfrentados líderes del partido a nivel nacional; sazonadas además por la pérdida de credibilidad y confianza que supone haber pasado por el desgaste de la política práctica durante el último mandato.
Lo que antes era esperanza ahora es decepción. La división del pretendido frente común de la izquierda se evidencia también en el coqueteo con la propuesta de IU, que navega a la búsqueda de un hueco en la lista que le asegure alguna posibilidad de asegurarse un sillón. El verso suelto de Actúa sigue ahí, suelto, tras salir extemporáneamente de la gestión política activa.
Difícil encaje de personalismos y egos en un frente más que dudosamente común.