FUERA DE JUEGO
¿El peor? Quizá no
Al leer análisis sobre los problemas reales que afectan a la sociedad le viene a uno a la memoria el archiconocido microcuento con aquello de que al despertar el dinosaurio seguía allí.
Es el caso del conflicto de los taxis, un problema aún abierto en el transporte público originado por una ley liberalizadora de hace más de diez años, porque a uno se le metió entre ceja y ceja esa idea peregrina sin atender razones ni escuchar a los que sabían. Una circunstancia similar a la generada en la insostenible situación de Venezuela, con un régimen al que sirvió de aval y parapeto para unas ‘presuntas’ elecciones que eran un auténtico golpe de estado, porque ni siquiera se dejó participar a la oposición.
Eso se ve en las páginas de Economía e Internacional. Y en las de ‘nacional’ aparece el gran jaque al Estado de Bienestar de esa ingente deuda pública impagable que atenaza cualquier acción y que rebosó cualquier aliviadero con aquellos planes E y una lluvia de subvenciones que desoían las alertas para que no se agravase el daño. Era un ‘más madera’ galopando hacia el precipicio, para ganar las segundas elecciones negando un crac que ya había llegado.
Y junto a esos Presupuestos imposibles figura el juicio con el que se intenta frenar —sin duda demasiado tarde porque nunca se actuó todos a una— ese tsunami que fue creciendo desde aquella gracieta de abrir melones y estatutos, con canalladas incluidas de pactos con cordones sanitarios cuando a cambio recibía lealtades si las necesitaba, como en la reforma constitucional que le impusieron los hombres de negro.
Y qué decir de esa memoria histórica que nunca buscó justicia y una solución final apta para todos sino el inicio de algo que sigue sangrando casi a diario.
Y en lo local se marcha esa Endesa que emigró con toda su fuerza y capital a Italia —bien lo saben los jubilados con bono luz o los empleados de las subcontratas— por una burda batalla política. Y con el carbón ya desaparecido porque se le puso fecha de defunción, y con una Ciuden que nos descubren que fue un parapeto estéril que nació para enterrar no el CO2 sino mucho dinero, porque lo otro se sabía batalla perdida.
Alguno se preguntará a qué viene todo esto y sobre todo los que han sido o siguen como cheerleaders del caso agitando pompones. Y es que en eso que parecía consolidado de ser el peor presidente tiene ya un claro rival.