Diario de León

TRIBUNA

Colón, contra el Frente Popular

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D esde la celebración de la manifestación el día 10 en la plaza de Colón en Madrid por parte de los partidos constitucionalistas, la política nacional no ha dejado de depararnos sorpresas varias de índole diversa, casi todas de auténtica astracanada. Desde de la convocatoria de elecciones, algo que Súper Sánchez negó con energía hace un mes escaso, hasta la publicación de ese opúsculo (Manual de resistencia) hace pocos días, y donde nuestro héroe desgrana de la mano de la negra que le escribe, una serie de gansadas y barbaridades, que hacen sonrojar al más pintado. Pero estamos en España, y aquí, al sur de los Pirineos, todo lo que en la Europa occidental, culta, moderada y democrática es inverosímil, fruto de una mente un tanto desquiciada, se reprueba con firmeza, aquí se le da el parabién, se aplaude y se jalea. Sánchez Fraude lleva casi el tiempo de un embarazo al frente de la cosa pública; creíamos que el récord de Zapatero era imbatible en lo que a despropósitos se refiere, pero erramos el tiro. Este pájaro, amante de vuelos, viajes, ceremonias, boatos, bodas, conciertos pop y un etcétera variopinto de varietés, no tiene horizonte en su carrera loca, siempre claro está, con cargo a la billetera de los sufridores, que somos una mayoría. En todas estas salidas de tono, míster Falconetti es acompañado por una suerte de corte de los milagros que bate palmas en honor de las ocurrencias del apuesto galán. Él mismo se reconoce bello y sublime en ese bodrio donde la Lozano (otra que tal baila) le ha ido componiendo la partitura. Tenemos ejemplares varios que conforman un tándem digno del teatrillo de Manolita Ché. La vicepresidenta Calvo (Marilíos la de Cabra) es un paradigma del desvarío encubierto. Marizú Montero Farruquita es la vehemencia hecha un lío, ya que a veces parece confundir los tratados de Patología General (ella que es médica de profesión) con las diferentes variables económicas que conforman los Presupuestos. Para dar color al asunto, la simpar Celáa, una mujer tímida que declaró ciento y pico mil euros de patrimonio donde luego se descubrió suculento montante que rozaba los cinco millones: un personaje ejemplar sin duda. Finalmente doña Dolores la trifálica, la amiga de Villarejo. En un país serio, esta señora estaría encausada e investigada por sus actividades pasadas y sus más que groseros comentarios.

Sorprende en este punto el silencio cómplice de todo ese elenco feminista, tan enérgico en otras ocasiones, pero cuando el sectarismo radical se riega con subvenciones más que generosas, el mirar para Antequera se convierte en consigna general.

Lo de Colón ha sido menospreciado tanto por el Gobierno de Sánchez, como por toda esa camarilla, que de una forma u otra vive a su sombra: bilduetarras, separatistas de distinto pelaje, podemitas y, por supuesto, socialistas. En el PSOE estamos asistiendo a una metamorfosis curiosa. Aquel socialismo de hace años que encarnaban Felipe, Guerra, Solchaga, Maravall, Paco Ordóñez, Pepote de la Borbolla,( hasta incluso Margall), Boyer, Asunción, Ciscar, Solana... ha dado paso a lo que tenemos hoy sentado en el Consejo de Ministros, o a personajes de la catadura moral de Iceta, Francina Armengol o Idoia Mendía, la que hace cuatro días se retorcía de risa en una fiestorra del brazo del etarra Otegui.

Un ilustre socialista, de lo más digno que ha militado en las filas del PSOE, Paco Vázquez, el mejor alcalde que ha tenido La Coruña y dignísimo embajador que fue ante la Santa Sede, reconocía hace un par de semanas en las páginas de un diario nacional, que la situación de crispación y desasosiego en la que se encuentra España en este momento, recuerda en gran medida los avatares que se vivieron entre 1934 y 1936, y que lamentablemente desembocaron en un enfrentamiento civil. Todo lo que se viene viviendo en Cataluña desde hace más de treinta años, agravado de forma clamorosa en los últimos dos o tres, dibuja un panorama sombrío y de muy difícil solución, por no decir imposible. La estela de esta paranoia se sigue de cerca en el País Vasco, en Baleares y en sustancial proporción en la región valenciana. En Galicia, el muro de contención que representa Feijóo (debilitado en los últimos tiempos) impide que los podemitas de En Marea hayan tomado plazas y calles, pero todo se andará. Ciudades de primer nivel, tal que La Coruña, Santiago, Zaragoza, Madrid, Barcelona, Valencia, Córdoba o Cádiz, entre otras muchas, sucumben víctimas de la sinrazón de unos gobiernos municipales que siguen los dictados de un iluminado marxista como es el marqués de Villa Tinaja, líder de Podemos.

Los problemas reales que tiene la España actual, no se abordan, y unos y otros (incluido el Partido Popular) practican juegos de salón, se tiran puyas, se insultan y dejan de lado a una ciudadanía indefensa que lucha cada día por salir adelante, pero es una tarea que se presenta difícil y compleja. España, a pesar de las patrañas que nos cuentan muchos medios de comunicación y los telediarios de las diferentes cadenas, no ha salido de la crisis que nos lleva azotando desde 2005. Las cifras macroeconómicas han presentado en los últimos tres años unos perfiles más optimistas, pero una inmensa mayoría de españoles no vive mejor. Las cifras de paro han mejorado, pero el cómputo que se hace es falso y está disfrazado. Las pensiones arrojan un déficit que en este momento ronda los 20.000 millones de euros, y sigue creciendo. Los Presupuestos que presentó Sánchez en Bruselas ofrecen errores de bulto, la despoblación sigue galopante y la inmigración en los últimos dos años ha llegado a niveles insoportables.

Casado y Rivera representan una derecha que no parece consolidada, dada la fractura que la afecta. En Andalucía, pasan los días y los problemas se suceden, a pesar de nuevo gobierno y nuevas formas. Moreno Bonilla tiene por delante una ingente tarea, difícil de llevar a buen puerto, ya que tiene el enemigo metido en casa. Mientras, el ascenso de Vox parece imparable. Las elecciones están a la vuelta de la esquina; se vive con una débil esperanza de que esto pueda dar un pequeño cambio hacia metas más prometedoras. Con esa ilusión difuminada vamos caminando.

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