cuerpo a tierra
León y Nueva York
Vamos a dejar de contemplarnos en el espejo del alrededor y mostremos altura de miras. Ya está bien de buscar el parangón con Oviedo, Valladolid o Burgos, ciudades apañadas y poco más. ¿Nos atreveremos a decirlo de una vez por todas? León es como Nueva York: una ciudad con dos ríos. Con toda la tierra de que disponemos en el contorno, que diría Fray Gerundio de Campazas, nada nos impediría expandirnos incluso hasta más allá de los límites que tiene actualmente la capital del mundo, y todavía nos quedaría espacio, cosa que ellos no pueden decir. Así que habrá que ir a por todas de una vez. Dejarse de sueños cortos y planteamientos cojos de las dos piernas. Aquí los gatos también son palomas. Que se aten los machos esos neoyorquinos.
El primer paso sería poner en valor lo que tuvimos y posteriormente lo que tenemos ahora. No veo dificultad en lo primero: aquí se fundó la democracia, aquí guardamos en custodia el Grial, fuimos imperio. Y el alfoz norteño de la provincia fue el muy noble y hermano Principado de Asturias: a ver quién puede igualar eso. Los superamos en todo. Será por pasado. Será por historia. En cuanto al presente ya habría que ponerse a hablar algo más largo y tendido. Tenemos AVE, tenemos aeropuerto, aún queda algún café de artistas. Hemos sido capital gastronómica y somos despensa natural. España se ha quedado pequeña para nuestras aspiraciones cósmicas. Porque, bien pensado, ¿en qué nos superan? Nos ganan en rascacielos y nada más. Y los rascacielos qué son sino ensanches en vertical que, por mucho que rayen las faldas del cielo, siempre serán incapaces de mostrarnos las afueras del Paraíso como lo hace el aire sobrexpuesto de unos vitrales alanceados por nuestro mediodía mediterráneo.
Como cuestión aparte, dejo Manhattan y su famoso puente; aunque Navatejera no es una isla, bien podría cumplir esas funciones y suplir algunas carencias, que nadie es perfecto y a Manhattan a mí me parece que le faltan buenos jugadores de mus y tute como los que se baten el cobre en el bar del Polideportivo. En fin, siendo imparciales, debemos señalar que nos faltan parques y un barrio chino como dios manda. También un metro. Carritos de comida en la calle y galerías de arte contemporáneo y equipos de béisbol. Pero es que aquí son cosas que casi nadie quiere.