Diario de León
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fuego amigo ernesto escapa
León

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M olinaseca es pórtico del vergel berciano y una de las villas con más encanto de la ruta jacobea. A su entrada se remansa el río Meruelo, que antaño movió las aceñas que dieron nombre al pueblo. El santuario de las Angustias tiene blindada la puerta con herrajes para evitar que peregrinos y segadores se la llevaran en astillas. Templo barroco mal cimentado, hace ochenta años le antepusieron una torre enhiesta con poca gracia, buscando que actuara como contrafuerte. La hornacina del baluarte cobija la imagen de las Angustias, que da el primer saludo a los peregrinos. En los atrios del templo encontraban su primer sosiego los caminantes, después de haber salvado este descenso al Bierzo. Arriba, conjuraban los peligros arrojando un guijarro a la Cruz de Ferro y cuando alcanzaban Molinaseca, tomaban como recuerdo un jirón de la puerta.

Por su parte, la gratitud de los segadores gallegos, que volvían de agostar en Castilla, depositaba sus hoces en el santuario, para que fueran subastadas en beneficio de una Virgen conocida como la Preciosa. A espaldas del santuario, trepan matorrales hacia la corona del castro, donde se aprecian vestigios de sus defensas. En realidad, lo que ofrece es un dominio total de la vega del Boeza, que avanza hacia su encuentro en Ponferrada con el Sil, y de la hondonada vegetal del Meruelo. Sin subir tanto, el pórtico de las Angustias enfila la estructura caminera de Molinaseca con su puente medieval de siete ojos, que decora el remanso de la playa fluvial, la erguida silueta de San Nicolás y el trazado de la calle Real. Esta rúa de peregrinos avanza al resguardo de una doble hilera de casas coronadas con amplios aleros, entre las que alternan fachadas blasonadas y balcones tradicionales.

Antes de atender la tentación de cruzar el puente hacia el solaz de Molina y para no ir dejando deberes pendientes, conviene un vistazo al interior del santuario dieciochesco cubierto con bóveda de cañón e iluminado por la linterna que remata la cúpula de su cabecera. Varios retablos barrocos exhiben escenas de la vida de la Virgen y un surtido santoral, del que destaca San Benito el Negro, patrono de los esclavos. Las rejas dan cuenta del remate de las trazas del templo, datado en 1715, aunque su imagen más antigua suma un par de siglos más. Repoblada con francos y judíos, Molinaseca tuvo varios hospitales para atender a los peregrinos y hasta siete molinos. La iglesia de San Nicolás de Bari es barroca del diecisiete y preside el barrio con más sabor del pueblo. Tiene tres naves, una cúpula ciega sobre el crucero y retablo mayor barroco. En la curva del Boeza, el castillo de San Blas, con sus miradores y almenas, evoca un capricho indiano malogrado por el enredo de las herencias.

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