Diario de León

TRIBUNA

Primero ‘reflexionar’, después votar

Publicado por
José Fernández Amez Médico de Familia Jubilado
León

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R ealmente no sé en base a que se llama día de reflexión, quizás acierte José Ramón Montero, al decir que «debió ser idea de algún democristiano, por lo de la reflexión». Tal vez debiera llamarse día de abstención de los partidos a la llamada al voto que es la única utilidad que tiene este día, o simplemente jornada de «descanso» y que pudo ser importante al principio de nuestra democracia pero a día de hoy no tiene ningún sentido.

Si alguien no tiene decidido su voto antes de este día, es probable que debiera votar blanco, votar nulo o no ir a votar. Reflexionar es bueno en casi todo, pero decidir el voto es una tarea que ha debido hacerse antes y resolver la duda con el corazón en vez de con el cerebro no suele ser lo más acertado.

El voto es un «derecho» del que disponemos desde tan solo hace unas décadas. Se emite a un partido por afinidad ideológica, por militancia, por simpatía, porque debemos pensar en qué partido tenemos que poner nuestra confianza. Y esto, porque no hay voto inútil, porque es una de las decisiones más importantes que como ciudadanos podemos tener y tenemos afortunadamente.

Votamos porque así expresamos nuestro compromiso con la democracia, democracia que de esta forma se verá reforzada y porque es un derecho que nos hemos ganado después de una larga dictadura. Tenemos cercanas unas elecciones generales y pocos días después unas municipales y autonómicas. Ante esta situación es el momento de «pensar» en «nuestro» voto, si no lo tenemos decidido ya. No hablaré de siglas de partidos políticos, ni de nombres de candidatos, no me interesan. Las declaraciones con más-menos estridencias nos sonarán si no iguales, parecidas. A estas alturas estamos curados de espantos. Solo diré que empieza a «amanecer» la extrema derecha, y que la izquierda (me refiero a la izquierda «de izquierdas») empieza a «desaparecer» y en este caso ojalá me equivoque.

Lo cierto es que los independentistas catalanes «apoyados» por el «tripartito de derechas» (derecha «trifálica» como la denominó creo que deliberadamente y también acertadamente la ministra Delgado) ha bloqueado los PGE y al presidente del Gobierno no le ha quedado otra que adelantar los comicios electorales para el día 28 de abril del presente de 2019. Cosa que tenía que haber hecho a «su debido tiempo».

La campaña se prevé sobreexcitada y con gran parte de teatralidad sobre todo por los partidos de derechas que ya están calentando motores y de qué forma. Afortunadamente en nuestro sistema electoral «casi» ha desaparecido la figura del «inaugurador oficial».

Prohibido inaugurar es la regla que deben cumplir los políticos en campaña electoral, aunque no siempre se ha seguido la ley al pie de la letra. Alguno no puede menos e «inaugura» aunque sea con algún riesgo. No está prohibido prometer. Tanto en «precampaña» como en los días de campaña, constantemente oiremos las palabras, igualdad, progreso, solidaridad, salario, trabajo, sostenibilidad, desarrollo, felicidad, bienestar… además lanzados sin sonrojo por todos y cada uno de los que nos gobiernan y por todos y cada uno de los que pretenden gobernarnos. Puedo garantizar que si en un mitin, sin saber de qué partido es el conferenciante, cerramos los ojos, seriamos incapaces de identificar a qué partido representa el orador.

Habrá unas segundas elecciones (autonómicas y europeas) el día 26 de mayo, estoy seguro que en los mítines, en las declaraciones, en los programas se hablará más de temas generales del estado, que de temas locales o autonómicos. Seguirán con el «yo haré», «yo os prometo», creando empleos, mejorando la educación, la atención a los mayores, la sanidad, las carreteras… Porque (según algunos) de estas actuaciones a nivel nacional se desprenderán «migajas» para las «provincias pobres» y si no que se lo pregunten a Oscar Puente.

Palabras y solo palabras. En muy pocas ocasiones prometen si no es de forma velada, solucionar los problemas de sus vecinos, sus viviendas, su trabajo, su ocio, a sus mayores, a sus jóvenes… Ni les interesan, ni siquiera lo preguntan.

A los pueblos y villas no debiera ir a dar mítines ni un solo político que sobrepase el ámbito provincial, solo deberían actuar aquellos que van a ser protagonistas de las elecciones, es decir los propios candidatos y para hacer política municipal, no de partido.

Las opciones al voto son hasta cinco: sí-no-nulo-blanco y abstención. El voto en blanco me parece una buena opción para quienes no ven en el abanico electoral ninguna opción a su situación «emocional» del momento. La abstención, solo beneficiaría a la fuerza política que maneja con más mansedumbre a sus afectos, es decir los que pase lo que pase, estén o no imputados o hayan robado todo lo que hayan podido, van a ejercer su voto y si pueden hasta el de su vecino. Este es el voto de la derecha.

El voto de la izquierda es más cómodo y a la menor dificultad o muestra de desengaño no lo ejerce. Su movilización es esencial en estos comicios. Pero como diría Alberto Cortez en su canción: «pero esto es imposible».

Lo peor de todo es que esta indiferencia le está comiendo terreno a la democracia. Nuestros sentimientos están dormidos, la indolencia se manifiesta y es hora de que empiece a aflorar, es hora de enviar una seria advertencia a los políticos. La derecha nunca dejara de serlo, como hemos dicho es fiel, votó siempre y conocemos su techo más o menos en su ámbito «se mueve» y permanece.

La izquierda, ha dejado de lado a la gente de izquierdas, amparados en la crisis es y ha sido autora de actuaciones que nos podrían sonrojar, llegando a recortar bien ganados beneficios sociales. Para hacer política de izquierda no vale todo. Pero tengo una idea: Primero reflexiona y después vota.

Y ¿por qué?:

—Porque no admito el abuso de nuestros gobernantes, que siempre que hay que hacer algo, aunque a veces no tenga sentido, me suban los impuestos, tanto los directos como los indirectos, en un afán desmesuradamente recaudatorio y para paliar sus errores.

—Porque no podemos admitir el abuso de poder, el racismo, la marginación, la insolidaridad, el uso del medio ambiente y las reservas naturales, la sociedad del ladrillo, la contaminación, el despilfarro, las grandes fortunas, los paraísos fiscales, la violencia de género, la discriminación, la corrupción, el machismo…

—¿Por qué tengo que creerles?, ¿Qué han hecho para que yo tenga que reflexionar, y porque reflexionar es pensar en a quien voto? ¿Por qué no reflexiono pensando en mí? Si lo hago así, a mí, esta situación me lleva a que mi voto sea blanco, lo que me ocurre es que el jodido voto útil, me puede traicionar. Por lo tanto mejor yo no reflexiono.

A Ud. Sr. elector le emplazo para estas y futuras elecciones, sobre todo si su voto es indeciso o ha pensado en abstenerse. Me dirijo a pensionistas, jóvenes, nuevos votantes, a la mujer trabajadora sea dentro o fuera del hogar, a los inmigrantes, a las clases sociales sean las que sean, a la clase establecida en el bienestar, a los homosexuales, lesbianas, estudiantes….a todos y pensar en que debéis tenerlo claro porque como dice cierto anuncio: «Yo no soy tonto».

Por lo tanto, y aunque sea recalcitrante yo si voy a votar. Creo que todos los personajes «importantes» que se han ido quedando atrás, se sonrojarían si no lo hiciéramos así, pero también porque me lo pide la igualdad, la libertad, los derechos… Admito que hubo un tiempo en que me creía que los políticos eran correctos y hasta honrados... me importan un bledo las campañas electorales. Me sobran.

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