La Justicia, ausente
E stos días, estos meses, estos años de «pre» campaña electoral estamos asistiendo a entrevistas, artículos, desayunos, intervenciones en radio y televisión e, incluso, mítines —cada vez menos, cada vez menos numerosos— en los que los candidatos exponen su programa, sus propuestas, todo lo que van a hacer si ganan las elecciones. No importa que no las piensen cumplir, lo que vale es ir más allá que los otros. Y, al margen de resaltar siempre los errores y las incongruencias de los otros, los pactos de conveniencia, las propuestas ajenas que siempre son imposibles de cumplir —las propias, no, claro—, hay asuntos que salen siempre y otros que no interesan para nada a los partidos. A ninguno.
En esta campaña, han surgido dos asunto nuevos que sumar a la fiscalidad, las pensiones, el empleo, la educación, la sanidad y los pactos postelectorales, que son los referentes de siempre, aunque luego se traduzcan en nada porque para llevarlos adelante se necesitan mayorías sólidas y lo que tenemos desde hace unos años son mayorías gaseosas o mayorías explosivas. Un asunto nuevo es la igualdad que si hasta ahora se refería exclusivamente al género, en esta campaña Vox ha logrado introducirla en relación al Estado autonómico, a las diferencias entre españoles, históricas o provocadas por el independentismo. Y se aprovecha para poner en cuestión todo el modelo. El otro asunto nuevo es el de la España despoblada, que ha conseguido hacer visible una realidad que existe y crece desde hace décadas sin que nadie se haya ocupado seriamente de sus problemas. ¿Por qué surge ahora? Dudo mucho de que sea porque los políticos han hecho examen de conciencia y han prometido propósito de enmienda. La razón oculta es la aparición de hasta cinco partidos con posibilidad de obtener escaños y el sistema D’Hont, que, juntos, provocan que la lucha en esas provincias despobladas sea a cara de perro. Antes PSOE y PP se las repartían. Ahora los votos a Podemos o a Vox y los restos electorales pueden significar un reparto a cuatro o que PSOE y PP ganen o pierdan un escaño. Cada escaño será decisivo.
El gran tema ausente siempre y que sigue igual es el de la Justicia. Sólo aparece, y débilmente, el reparto de puestos en el Consejo General del Poder Judicial. No es que quieran cambiarlo. Quieren controlarlo al precio que sea. Pero el gran problema es la Justicia que sufrimos los ciudadanos. Lenta, antigua, sin medios personales ni materiales, nada ágil, con retrasos inaceptables en el pago a los abogados de oficio, mal explicada. Tenemos jueces excelentes y una mala justicia. Y al mismo tiempo estamos integrando el derecho europeo que, muchas veces, también es contradictorio con el nacional. Hay más, mucho más. ¿Pueden confiar los ciudadanos en la Justicia? A pesar de todo, más que en los políticos y en los partidos que ignoran sus déficit y ni siquiera los llevan al debate político electoral. No les interesa.