Diario de León

NUBES Y CLAROS

La imbecilidad y sus altavoces

Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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Siempre ha habido estúpidos empeñados en buscar rincones por los que reírse de los demás. Desaprensivos que ocultan sus miserias y complejos en la burla a otros por las razones más peregrinas. Lamentablemente, suelen encontrar un coro de tontos a las tres que les acompañan en el escarnio, creyendo que si hacen piña con el acosador se van a librar de su mezquindad. ¡Ilusos!

Las mismas patrañas se practican hoy con el amplificador sin filtro de las redes sociales. Cualquier cosa se convierte en viral si encuentra suficiente número de descerebrados que la celebren y ‘compartan’, convirtiendo un tropezón o una situación más o menos afortunada en carne para los ingeniosos carroñeros de los likes. Demasiada gente ocupada en lo que atañe a otros, supongo que para olvidar el vacío que no son capaces de llenar de otra manera.

Sólo así se explica el helio que infla y eleva hasta límites difíciles de explicar algunos globos idiotas. Ahí está el caso de María Rey y su lapsus en la transmisión del 2 de Mayo en Madrid, por poner un ejemplo reciente. Miles de ‘expertos’ en historia se han dedicado a poner a parir a la presentadora, a la que avalan décadas de brillante ejercicio de la profesión, intentando poner en valor su pedantería sólo tachando de ignorante a la periodista. Hasta algún escritor de éxito y bien mediático se ha metido en el charco, evidenciando una soberbia inexcusable en quien, tras haber escrito tantas páginas, compartido sus saberes con altiva y rentabilizada generosidad y llenado tantos espacios de entrevistas, a buen seguro que guarda más de un gazapo en el zurrón.

O el caso de la presidenta de la Diputación de Pontevedra, diana de chanzas por su discurso en un inglés torpe. Ayer entrevistaban a Antonio Garrigues Walker en una televisión y, como hombre de saber y criterio, angloparlante además desde la cuna, le pusieron las imágenes del discurso de la presidenta y las ade Ana Botella en similar situación hace años. ¡Una voz autorizada para respaldar las gracietas!, debieron pensar. El zasca del profesor fue monumental. Garrigues elogió el esfuerzo de las políticas por comunicarse con los congresistas que las visitaban, más allá de sus limitaciones idiomáticas. Todo un ejemplo de cordura y altura de miras. Ante eso, las risas de los demás suenan realmente estúpidas.

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