Diario de León
Carlos Fidalgo
Ponferrada

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Al sur de la avenida de Milán, esa larga recta interrumpida por rotondas que algunos usan para apurar la frenada de sus coches, se levanta una chimenea solitaria. Es el último vestigio de la fábrica de ovoides y briquetas del empresario Moro, aglomerados de carbón que se empleaban en las calefacciones y en las calderas de las máquinas de vapor. No fue la única. María del Carmen Mantero y García-Lorenzana cuenta en un estudio económico publicado en 1972 que en 1964 todavía había tres empresas, incluida la MSP, que producían ovoides en Ponferrada, una en Albares de la Ribera y una más, la de Reinero Gago en Bembibre, de la que salían más de veinte mil toneladas. Ese año ya solo elaboraba briquetas la MSP, pero nada menos que ciento treinta mil toneladas.

Todas estas fábricas entraron en crisis a partir de 1966 con la electrificación de los ferrocarriles. Y la MSP también? introdujo las locomotoras diesel en la concesión del tren minero en 1981 y en 1989 retiró de las vías a las últimas locomotoras de vapor, cuenta el ferroviario Daniel Pérez Lanuza en un libro de próxima publicación sobre el vigésimo aniversario de la creación del Museo del Ferrocarril de Ponferrada; el «milagro» que ha salvado del chatarrero a las máquinas mejor conservadas, aparcadas durante una década en vía muerta y a merced del óxido, la lluvia y el sol, y las malas hierbas.

El Museo conserva una de esas briquetas de carbón que impulsaban las locomotoras. Un bloque negro, rectangular, con el nombre de la MSP grabado. Pero la fábrica de la que salió ya no existe. Ni existen sus dos chimeneas, víctimas de la especulación urbanística, recuerda el historiador José Antonio Balboa en su perfil de Instagram dedicado a la arqueología industrial. La especulación ya no es una amenaza para las huellas del carbón en Ponferrada. Pero sí lo es la desidia, la dejadez, la falta de voluntad política. De la Junta de Castilla y León, que nunca ha apostado en serio por el tren turístico, ni ha querido declarar Bien de Interés Cultural a las locomotoras. Del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, que deja morir los cargaderos y el puente giratorio de La Placa. Y si apuro la frenada, también de quienes han gobernado el Ayuntamiento de Ponferrada en los últimos veinte años, que no han valorado como debían la riqueza de nuestro patrimonio industrial. El milagro se ha quedado a medias.

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