En la oscuridad política
T ierra mal bautizada es una obra de Jesús Torbado, que nos dejó hace unos meses. Compañero de fatigas en la adolescencia e inicios de juventud. Conocí sus inquietudes y mucho más su dudas e incertidumbres, por eso, hay que entender ese sentido pesimista que alumbra la mayoría de sus obras. Se cumplen ahora cuarenta años de ese libro sobre una comarca en decadencia que no ha perdido un ápice de actualidad ni vigencia: «Tierra de Campos está condenada a convertirse en un desierto». Esto puede ser el resumen de su obra.
Esta tierra mal bautizada se está extendiendo a todo el territorio de León porque, como leonés de pro, quiero que mi pueblo, mi provincia, progresen. Esta tierra lleva ya muchos años en decadencia. Nunca fue una provincia industrial, luego difícil se podría haber hecho una revolución en la industria. León perdió el tren hace muchos años y el mal arranca cuando Renault quiso instalarse en León. Que no fue el obispo Almarcha quien lo impidió, bulo histórico, pero las culpas alguien las tiene que pagar. Fueron los políticos de entonces —no doy nombres— quienes pusieron todas las trabas e inconvenientes para que no ocupara los terrenos de Onzonilla porque había otros intereses empresariales. De aquellos polvos estos lodos. Cuando estudiábamos geografía económica de León, se decía que era la primera provincia en: antracita, la segunda en hulla, la tercera en producción láctea y no hay ninguna factoría de derivados lácteos: la primera en vacas raza alpina; la primera en hierro y nunca se instaló una siderurgia, la primera en pizarra, entre las primera de energía hidráulica y se exporta el 80% de lo que se produce.
Pero ¿los leoneses merecemos que nos hayan robado continuamente que hayamos sufrido estos atracos con nocturnidad y alevosía? ¿Quiénes ?son los culpables, los políticos o los leoneses? De todo hay y la culpabilidad se puede repartir a partes iguales. Hemos sido una provincia pacífica con un minifundio histórico con una sociedad familiar con suficientes riqueza para vivir y para despertar inquietud entre todos los hijos. Con interés porque los vástagos no siguieran el camino de los progenitores, que estudiaran, que se formaran y, en esto, hemos sido y somos una potencia en talentos pero para exportar a todo el mundo la capacidad intelectual del leonés.
Hoy esta tierra se muere, lentamente, agoniza. Todo se está perdiendo: Laciana, el Bierzo, las tierras del Torío y del Bernesga, el valle del Curueño, del Porma y el Esla son tumbas silenciosas. La minería se cerró. La ganadería es insignificante y ya no queda nada, solo el lamento, el llanto y se vive de los recuerdos. Y el Páramo, tierras fértiles, regadas con el sacrificio de la montaña o las de la ribera del Órbigo, potencia lupulera que ahí está y nadie a su vera pudo instalar una fabrica de cerveza y lo exportamos a Cataluña, Madrid ect.
Miles de millones de euros se han tirado en la reconversión minera aún sabiendo que era inútil la inversión ya que España no puede ser competitiva en este sector por la competencia mundial. No se planificó una industrialización. Se crearon polígonos industriales. Hoy la mayoría semivacíos. Se hizo, más bien, una inversión política, porque lo que tocan los políticos se diluye. Asfaltar las calles de los pueblos, planificar campos de deportes y de ocio, donde no hay niños, es decir, congratular al vecino para seguir en el macho pero no para crear riqueza. Es una vergüenza lo ocurrido en la comarca de Laciana, en el Bierzo, en la montaña del Torío y del Bernesga, que se haya desmantelado la minería que se hayan invertido tantos millones de pesetas en su día y de euros que todo haya sido banal. Ha sido una gestión desastrosa, una ruina.
Y los políticos se echan la culpa unos a otros, cuando todos están involucrados en el desastre y no pasa nada. Y vienen los lamentos. Y llegan los problemas. ¿Culpables? Nadie. Moribundo, León y su Provincia. ¿Quién va a solucionar los despilfarros económicos y las quiebras voluntarias de las empresas? Temo que nadie. Luego, León ¿Tiene solución? Creo que no. Solo tenemos que recorrer un poco nuestra provincia y emulando a Miguel de Unamuno «que los nacionalismos se curan viajando» y viajando por lo largo y ancho de nuestra provincia, curaremos nuestra nostalgia, recordaremos a nuestros antepasados, les pondremos medallas por lo que hicieron por sus tierras, por sus pueblos. Gozaremos de un paisaje idílico, de kilómetros de ríos, de montañas que elevan sus crestas al firmamento, testigos de una historia y mudos y sombríos se quedan los pueblos y ya no habrá nadie que llegue a repoblar estas tierras adustas. Y no quiero olvidar el sur de León, esa Tierra de Campos, tierra llena de nobleza y hospitalaria que ha engrandecido a España, fieles escuderos de la patria. Esa tierra mal bautizada que fue el punto de partida de mi pensamiento.
Ahora hablan de la despoblación. Es una farsa y un engaño. Quienes hacen estas propuestas no tienen ni idea de la actual situación del mundo rural. La despoblación no tiene solución, salvo que haya una política de inversión pero no canalizada por políticos sino por empresarios y gestores. Y hoy todos los gobiernos desde el central hasta los autonómicos están más interesados en invertir para seguir en el poder que invertir para que las regiones progresen. Se puede hacer una radiografía más profunda de León, puede ser que sea menos pesimista pero para salir de la UCI hay que aplicar otras terapias y los políticos no están por la labor. Oímos los ladridos es señal que cabalgamos pero puede llegar un momento que el can esté famélico y ya no tenga fuerzas para aullar, y ya sabemos el dicho popular: muerto el burro la cebada al rabo.