TRIBUNA
Antonio Pereira y Úrsula siempre serán nuestros

A ndaba yo estos días cavilando sobre la mejor forma de felicitar Las Flores a Santa María Virgen, cuando de repente se me ocurrió pensar en el marianismo —puro amor ?en verso— de Antonio Pereira. Él nunca ocultó su devoción por la Madre del Cielo. Es más, muchas han sido las referencias, cantos y poesías de este autor tan nuestro, a la Virgen en diferentes advocaciones; tal vez un poco filialmente inclinadas a las de la Tierra berciana. Claro que tampoco olvidó a La Inmaculada, a Nª Sª del Camino, a La Virgen Blanca… Alabanza, en suma, a la Maternidad de María, conmovedoramente comprendida en el Canto a la Virgen de la Encina. Me acordé entonces de que Carmen Busmayor, escritora y poeta leonesa de muchos quilates —amiga y confeligresa— había hecho un trabajo biográfico (Notas de una vida) sobre Antonio y su obra, sobresaliendo en él el Tríptico a la Virgen de la Encina. Ustedes dirán si es posible mejorar un canto floral a Santa María, con esta dulzura: «Recíbeme en tus brazos verdaderos,/ cercano de tu Niño y su paloma/ Déjame andar contigo los senderos». O también: «Vengo de la alta noche del olvido/ de la honda tierra del recuerdo oscuro,/ para ofrecerte el corazón maduro/ dentro de un pecho de cristal herido»…
Los barcos en los que se aloja, río arriba, la vida humana, navegan con trabajo, pero deprisa, y no dan reposo a nuestras ansias de vivirlo todo. Los años parecen meses y los meses, días. Y yo tenía cierta prisa por pagar los tributos de amor —llamados Flores de Mayo— a la Madre de Dios y Madre nuestra; dentro naturalmente, de este quinto mes del año, y con los polícromos versos de Antonio Pereira. Pero el hombre propone y Dios dispone… que Úrsula, la musa (como atinadamente escribió en su obituario Susana Vergara), la otra mitad de los Pereira, subiera a la celestial estancia para fundirse definitivamente en un todo, en su siempre: ella y Toñín Pereira; nuestro Antonio. Y habrá aquí abajo, no faltaba más, aportación literario-floral de éste poeta universal… y berciano, en las Flores a María.
Ùrsula Rodríguez Hesles, una mujer bien parecida, simpática, servicial, leonesa neta —que no nata— y personificación del bien hacer, decir y ayudar a la gente; se sentía honrada y alegre con su condición de andaluza. Mitad de Jaén, mitad de León. En la felicitación navideña de los Pereira a los Cimas, siempre había un par de líneas de Úrsula en el christma de los buenos deseos, para rogar por todo el mundo infeliz… Úrsula era, una complementación Pereira ideal y oportunísima; culta y puesta al día en los aconteceres editoriales. Cuidó la Fundación Pereira como un parterre de rosas. Y fue adepta a los libros cortos que el marido, y artista literario, creaba con absoluta maestría. Obras como Finlandón, Historias veniales de amor … y los cuentos más ocurrentes, localizados en el Bierzo, en León y en el mundo entero. Que el Señor haya acogido en su seno al alma de tan válida hija.
Tengo la satisfacción de recordar que, dirigiendo este servidor el periódico La Hora Leonesa (mayo de 1983), invité a Antonio Pereira a mantener una columna dominical –Cuaderno abierto- que tuvo una aceptación masiva. Se cerró «el Cuaderno» cuando nos cerraron el rotativo los que se creyeron con poder para hacerlo.
A mi compañero, Juan Ríos, le había dicho Antonio, por aquel entonces, y finalizando una entrevista: «La paz es mucho más que una paloma»…