AL TRASLUZ
Otra lección de Tolkien
Fui con mi hijo Eduardo a ver Tolkien, la película sobre la juventud de este escritor y su participación en la batalla del Somme, las más cruenta de la Primera Guerra Mundial, vivencia que impregnará El señor de los anillos. Hay autores a quienes admiras y quieres, luego está el pequeño grupo de los que amas, apartado en el que en mi casa tenemos a Tolkien. Nos gustó mucho, si bien, en lo que a mí respecta, creo que pasa demasiado de puntillas por su catolicismo, que no es otro dato biográfico más. Al quedar él y su hermano huérfanos, asumió la tutoría un sacerdote católico llamado Francis Morgan (1857-1935), oriundo de Cádiz. Ellos lo llamaron siempre «tío Curro». La película silencia esta raíz española y nos es mostrado como un `protector eficaz pero inflexible, que le exige aparcar durante dos años su noviazgo con Edith y que se centre en sus estudios universitarios. Sin embargo, el sacerdote abordó con éxito la difícil responsabilidad tutorial, pues los Tolkien carecían de patrimonio familiar alguno. «Hiciste bien en insistir con Edith», le reconoce años después al constatar el amor que se tenían. El segundo apellido del tutor era Osborne. Pertenecía a la familia de los bodegueros y, por tanto, antepasado del cantante. Hay un excelente ensayo que aborda su figura: La conexión española de Tolkien. El tío Curro, de Ferrández Bru, cuya primera edición corrió a cargo de la editorial astorgana Csede. En El Señor de los Anillos, no aparece templo o religión alguna, pero son la gracia y la misericordia la que permiten que Sauron sea derrotado, aunque no de manera definitiva.
La obra maestra de Tolkien fue consecuencia de su experiencia en las trincheras, pero aún más de una fe católica que le ayudó a evitar la desesperanza ante el horror vivido, durante la guerra y después.
Qué importante son aquellas personas que, como Morgan Osborne, contribuyen a que un adolescente no se aleje de la misión que le corresponde en la vida, y que durante años permanecerá borrosa, aunque no debemos confundirla con el éxito profesional. Les recomiendo Tolkien, excelente película que hubiera podido ser aún mejor, si el director y sus dos guionistas se hubiesen atrevido a dar un paso más en la verdad.