Diario de León
Carlos Fidalgo
Ponferrada

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El piano flota sobre el agua. También se oyen las cuerdas de un violín y de un violonchelo que navegan en la misma balsa o en otra en paralelo. Y una bailarina se esfuerza por quedar suspendida en el aire con los hilos de la música.

El piano es impermeable. Si llueve el espectáculo sigue su rumbo. Y nadie obliga a pagar entrada a los espectadores que escuchan y observan desde la orilla. Se les recuerda eso sí, que los artistas no viven del aire y si el concierto les ha gustado pueden dejar un donativo para que la gira pueda continuar.

Es el espectáculo de Le piano du lac (El piano del lago), un concierto flotante de la pianista y violinista Delphine Coutant —y hasta el nombre evoca el mar— el violonchelista Daniel Trutet y la bailarina Mónica Cofiño.

Los tres han recorrido toda Francia, donde más de 50.000 personas han asistido a sus actuaciones, y ahora cruzan la frontera para ofrecer dos recitales en el Lago de Carucedo —quién sabe si acabarán por despertar a la ondina de la leyenda— y en la playa fluvial de Toral de los Vados en los primeros días de agosto.

De Francia nos ha llegado estos días otra nota triste. La muerte a los 99 años de una mujer de Valdeorras que perdió a sus padres y a cuatro hermanos víctimas de la represión franquista y se echó al monte para colaborar con la guerrilla. Consuelo Rodríguez López, Chelo, posiblemente la última guerrillera de la Federación de Galicia y León, vivía exiliada en una isla unida a la costa de La Rochelle por un puente de peaje. Para entrar y salir de la isla de Ré, un paraje de treinta kilómetros de longitud y cinco de ancho, hay que pagar, nos guste o no el paisaje.

Así que tenemos una isla, un lago, y la playa de un río. Tenemos un piano y una ondina que llora por un general romano, eso dice la leyenda del Lago de Carucedo. Tenemos un violín y un violonchelo. Y tenemos a una mujer que vivió marcada por la desgracia de una guerra y que al final de su vida logró que la aldea de Soulecín donde mataron a sus padres les desagraviara con un monumento humilde. En estos tiempos líquidos —ya es famosa la expresión de Zygmunt Bauman— donde todo flota, es importante fijar bien en la memoria lo malo que nos sucedió. Así se curan los traumas. Así se disfruta de la música. Así no se repite la historia.

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