Un populismo estrangulador
E l último y aparatoso intento de Iglesias de sortear el no del PSOE a sus pretensiones, y por tanto el fracaso de la investidura, fue el de solicitar, a cambio del ministro de Trabajo, las competencias para dirigir las políticas activas de empleo. La oferta no sólo fue rechazada por el PSOE sino que dejó en ridículo al líder de Unidas Podemos: Adriana Lastra tuvo que explicarle que las políticas activas de empleo están transferidas a las comunidades autónomas. El relato de la larga historia de esta segunda investidura fallida, que de hecho empezó poco después de las propias elecciones generales que arrojaron el resultado que ahora que se ha pretendido organizar para extraer de él un gobierno, tardará todavía algún tiempo en escribirse con todos los elementos en la mano. De momento, los hechos conocidos permiten asegurar que el PSOE ha rechazado la intención de la populista organización UP de imprimir carácter y personalidad decisivos al gobierno presidido por Pedro Sánchez, o, al menos, de conformar un gobierno bis, relativamente autónomo del tronco principal, que tuviera entidad propia y que pudiera arrogarse la paternidad en exclusiva del segmento más vistoso de su actividad.
Frente a esta pretensión, el PSOE acotó su propia oferta, terminó aceptando el concepto de coalición —una novedad que probablemente Iglesias no ha ponderado en lo que vale— y le ofreció una parcela del Ejecutivo nada desdeñable: una vicepresidencia social, destinada a Irene Montero, con competencias en bienestar, que encabezaría tres ministerios, el de Igualdad, el de Sanidad y Consumo y el de Vivienda y Economía Social. La parcela contenía algunos asuntos estratégicos de gran calado, permitía un lucimiento indudable y difícilmente podía inscribirse en le capítulo despectivo de los jarrones chinos.
Podemos rechazó la oferta porque el megalómano Iglesias, cada vez más en baja, venía de reclamar la luna: exigía endosarse cuatro de las seis áreas en que Sánchez había ordenado la actividad gubernamental en el discurso de investidura, con control sobre todos los ingresos (Hacienda) y el 70% del gasto. Lo más significativo es que UP, a pesar de la insistencia del PSOE en que había que abordar una negociación programática, ha exigido en todo momento negociar parcelas de poder. Los programas eran lo de menos. No ha sido fácil para el PSOE renunciar a una oportunidad tan clara de conseguir el gobierno, lo que abre incertidumbres obvias de futuro a los socialistas. Y hay que descubrirse ante la exhibición de valores y principios que requiere esta actitud. La tentación del PSOE de ir a las urnas es clara y prevalecerá probablemente porque de esta moción de investidura salen abrasados Iglesias y Unidas Podemos, tras haber impedido por segunda vez, del bracete de la derecha y ahora también de la extrema derecha, un gobierno socialista. Y Ciudadanos, corroído por las defecciones, que ha desempeñado un papel de agria y chusca irrelevancia, puede también experimentar un hundimiento espectacular. Con estos mimbres, el PSOE, que ha mantenido intacta la dignidad y ha presentado un magnífico programa de la mano de un equipo de alto nivel, saldría ganando sin duda en una consulta a la ciudadanía, al igual que el PP, cuyo líder está adquiriendo poco a poco las hechuras y el sentido del Estado que ha de exhibir el jefe de la oposición.