Diario de León

TRIBUNA

¿Existe la ideología en los partidos políticos?

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C uando Fernández de la Mora —allá por el año 1965— publicaba El crepúsculo de las ideologías , las presentaba como algo utópico y que formarían una «ideocracia»; no obstante concluía que ello no implicaría la «atonía política y la desaparición de los ideales». Entonces estaba lejos de adivinar que nuestra Constitución de 1978 establecería dos premisas fundamentales: Una que los partidos políticos son el camino para expresar la voluntad popular; y dos, que esa voluntad está garantizada por la libertad ideológica.

El Diccionario del Español Jurídico define a la ideología como el conjunto de ideas sobre la realidad social, política, cultural, económica, etc. Siendo así, que pueden originarse numerosas «ideas», (tales conservadora, revolucionaria, reaccionaria, etc.). Es decir, proyectan en el ser humano un «sentir» que se desea se haga realidad con actos, normas o leyes. Una «ordenación de la razón» que diría Santo Tomás. Pero cuando la ideología no responde a una circunstancia de valores humanos, de realidades sociales modernas y del sentir de una parte de la sociedad, se convierten en retrógradas, absurdas e irrealizables. En definitiva, ideología sin raciocinio. La ideología que siente el pueblo es aquello que mantenía Ortega: «Una suma de deseos, de intereses, de pasiones y de inteligencia».

Para nuestros partidos políticos la ideología puede desprenderse que sus objetivos o fines. Casi todos ellos se limitan a programar obviedades: bien común, progreso, democracia, igualdad, etcétera. El Partido Socialista fija sus fines en luchar «ontra todo tipo de explotación» y por una «sociedad libre, igualitaria, solidaria y en paz que lucha por el progreso de los pueblos». Sus objetivos se fijarán en los Congresos. ¿Se puede desprender que es una ideología socialista? No hay más ideología socialista que la igualdad y la solidaridad. Pero ¿Qué más?

A lo mismo se refieren los Estatutos del Partido Popular , en cuyo artículo 2, al denominar la ideología, se centra en «la igualdad del ser humano», «el progreso social», «la libertad e igualdad», defendiendo la «democracia liberal». Defiende — como tantos otros, por lo menos en el escrito- la Constitución y se declara por todo el arco de partidos como de «derecha». Para el partido Ciudadanos se considera «liberal» y de «centro izquierda», propugnando «la convivencia interterritorial», la «igualdad de oportunidades» y la defensa de la Constitución Española de 1978.

Parece que, desde el ángulo de lo jurídico, todos los partidos abogan por objetivo que cualquier idea lo admitiría. No obstante debe señalarse —ya de antaño; Madoz, Sagasta— que la ideología liberar puede chocar en ciertos aspectos con la socialista, así sobre la propiedad privada , sobre la —exacta— división de poderes, la no politización de la salud, la justicia y la enseñanza, etcétera.

En este prolijo campo (a las últimas elecciones comparecieron 51 partidos) aparece un movimiento que se convierte en partido como es Podemos y que al declarar su ámbito y fines s remite a «aplicar» la Declaración Universal de Derechos Humanos» (artículo 2); y habrá que preguntarse ¿quién no puede estar de acuerdo con ella? Pero, por otro lado al hablar de que no podrá existir discriminación se refiere al «linaje», que como se sabe es la ascendencia noble y que nos hemos de remitir al siglo XVIII, puesto que ya desparece en la Constitución de 1812 (Aquí habrá que preguntarse si ¿no se estará refiriendo a la Monarquía Parlamentaria aprobada en referendum mayoritario en 1978? Lo mismo de antiguo es el documento que suscribieron el 8 de junio de 2018 Podemos, IU y Quo, en el que se refieren a un país en el que «nadie vaya con la lengua fuera» (sic). Esta es una expresión de trabajo esclavizado y que se remonta al siglo XIX, sin tener en cuenta que la Constitución garantiza (por ley) «la negociación colectiva laboral» (cumpliendo así las recomendación de la OIT). Pura declaración de atraso.

También aparece una nueva ideología como es Vox que en sus Estatutos tiene como fines «la defensa de la unidad de España», «la libertad individual», «la propiedad privada y la economía de mercado».

Como puede verse, se trata de una panoplia extensa y donde escoger. Ahora bien, las ideologías se enmarcaran con las promesas en los objetivos y después el pacto, el incumplimiento, la desidia, las chapuzas, los olvidos. Poca atención al pueblo y más atención a la burocracia del partido, las prebendas, los redes de empresas públicas que son pesebres de los conmilitones.

Y, por otro lado —hay que decirlo— una izquierda- izquierda que, como se ha visto, se mete en la camisa de los sindicatos, y se refiere a situaciones laborales del siglo XIX, sin entender que hoy el mundo obrero está organizado y protegido nada menos que por la Constitución Española, La ideología que se dice progresista debe de tener altura de miras y visión global, de futuro y no estas ideas pedestres y pueblerinas. Ya lo comentaba Unamuno: «La pequeñez de la política extiende su virus por todas las demás expansiones del alma nacional». No queremos eso, no deseamos que la ideología nos impida ver el futuro y la universalidad. Que la ideología de los partidos sea, precisamente, alimento del alma ciudadana.

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