Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

sted y yo tenemos una tarea común por delante: ensanchar el espacio de la moderación y hacerlo tan grande que, de nuevo, puedan ganar en él socialistas y populares». Pablo Casado, dirigiéndose a Pedro Sánchez en su intervención del 25 de julio, poco antes del fracaso de la moción de investidura. Los nuevos partidos, primero Ciudadanos y después Podemos —la irrupción de Vox ha sido mucho más reciente, y aunque su génesis tiene las mismas causas, todavía es pronto para valorar su actuación—, nacieron por la gran crisis global, particularmente grave y dañina en España, que desacreditó a partir de 2008 a los partidos tradicionales, que desde la Constitución y hasta entonces habían gestionado son solvencia, a los ojos de una clara mayoría, el Estado español.

Los cambios previos introdujeron al sistema en una inquietante inestabilidad, que obligó a repetir las elecciones generales en junio de 2016. Las elecciones generales del 28-A han mantenido básicamente el esquema multipartidista, aunque han elevado significativamente la representación del PSOE, muy lejos todavía de la mayoría absoluta, con lo que la investidura presidencial ha fracasado porque no se ha podido/querido superar la dificultad de formar una coalición. Sánchez y el PSOE no han disimulado su disgusto ante la expectativa de incluir en el gobierno a Unidas Podemos, que si al comienzo de la negociación, celebrada ex profeso a última hora, exigió la luna, al final rebajó sensiblemente sus condiciones, pese a lo cual Sánchez optó por la ruptura. A todas luces, el socialismo y la mayoría de sus cuadros dirigentes ven con alivio el fracaso de la coalición, por lo que el desenlace del actual bloqueo pasa por un simple pacto de legislatura PSOE-UP (al que se sume ERC con su abstención y alguna otra minoría) o por nuevas elecciones el 10 de noviembre. Otra opción sería que el PP, que pese a su mal momento ha conseguido mantener el liderazgo de la oposición, facilitase al PSOE la investidura, pero tampoco esta posibilidad está en su cultura política. La clientela del PP no entendería que los conservadores facilitaran la gobernabilidad sirviendo lealmente al modelo constitucional en un turnismo semejante al de la Restauración (la alternancia entre Cánovas y Sagasta no fue precisamente ejemplar), pero parece evidente que Casado entiende perfectamente que le conviene trabajar en favor de la recuperación de la vieja dialéctica. Sólo así se entendería la frase clave que encabeza estas líneas.

Cargando contenidos...