TRIBUNA / Del franquismo al sanchismo
Hay quienes están empeñados en la ruptura del constituciona- lismo y en volver al ‘guerracivilismo’. No es una afirmación frívola, insensata y gratuita
Francisco Franco a Pedro Sánchez. Del franquismo al sanchismo. Nada hay más parecido a Franco y al franquismo que Sánchez y el sanchismo. «No hay nada más peligroso que una idea cuando sólo se tiene una. El poder». (J.A. Vara).
¿Fue oportuno y necesario el ‘golpe’ liderado por el general Francisco Franco? Sucesos ocurridos antes, durante y después de la guerra civil, su estudio y análisis que la perspectiva del tiempo proporciona, y los graves acontecimientos políticos actuales, con peligroso e incierto desencadenamiento, hacen que, por un lado, reflexionemos sobre lo que probablemente hubiera ocurrido de haber sido distinto el resultado final de la guerra civil española, y, por otro lado, nos hagamos otra pregunta: ¿Fue oportuno y necesario el ‘golpe’ protagonizado por el doctor Pedro Sánchez?
Una guerra civil nunca debería ser instrumento con el que resolver un conflicto, pues, lamentablemente, aunque un bando termina imponiéndose al otro, al final pierden todos sus protagonistas. Todos. Sus consecuencias, a corto, medio y largo plazo, las sufren tanto contendientes como descendientes, de unos y de otros. Los de todos. Así ocurrió con el desenlace de la guerra civil española. La perdieron primero nuestros abuelos y después nuestros padres. Ahora, algunos están empeñados en que la perdamos nosotros, nuestros hijos y nietos. Si hasta hace pocos años hemos tenido la fortuna de disfrutar un largo período de libertad, progreso, bienestar y amistad, no parece ser que nuestros hijos y nietos vayan a tener la misma suerte. Hay quienes están empeñados en la ruptura del constitucionalismo y en volver al ‘guerracivilismo’. No es una afirmación frívola, insensata y gratuita. Ejemplos, muchos; para muestra, dos. Las cruces cristianas pintadas, junto al símbolo de la horca del que colgaba una de ellas, en el muro del mirador de Castrejón de Trabancos, y la sectaria instrumentación de la Ley de Memoria Histórica. Detrás de cada acción existe una intención, lo que por sí es ya un peligro, incrementándose aún más cuando la acción genera reacción.
Si el bando perdedor de la guerra civil hubiera resultado vencedor, seguramente España se habría convertido en la Cuba de Europa y en la República que unos dirigentes sanguinarios, criminales y prosoviéticos la habrían incorporado, ¿existe alguna duda?, a la URSS. Situación que, aunque hipotética, sin embargo no impide pensar que muchos españoles no existiríamos hoy, y que el desarrollo político, social, económico y cultural conseguido a base de trabajo, penurias, silencio y sufrimiento, hubiera sido una utopía. Nuestros antepasados no se merecen que su mejor legado sea despreciado e ignorado. Sánchez reabre trincheras, se pelea con una momia y pretende ganar una guerra perdida.
Un ‘golpe’ disfrazado de moción de censura le elevaron a la gloria del poder que reclama ejercer de forma absolutista. El sanchismo, igual que antes hizo el franquismo, quiere imponer su ley sin contemplaciones, consolidar la sumisión y acallar cualquier voz discrepante. Señala, con ademanes autoritarios, a Casado, Rivera e Iglesias como culpables de la inestabilidad y del bloqueo institucional del que solo él es responsable. «De poca estabilidad puede presumir quien rechaza acuerdos a diestra y siniestra, convirtiéndose en el elemento objetivo más inestable de nuestro panorama político» (I. Tapia).
Sánchez, con semejante comportamiento, quiere quedarse él solo en el panorama político español. Detesta a todos, incluso a sus colaboradores, temeroso de que le resten méritos con los que vestir al maniquí. Dice sin pudor alguno «soy el más votado», «que los españoles lo digan más claro», sin ver que también es el más rechazado. «No hay precedentes de cuatro elecciones en cuatro años pero tampoco existe un liderazgo basado en esta posición personal, inalterable ante la realidad, que coge por las solapas a los votantes para zarandearles porque no deciden todos lo mismo» (J.P. Colmenarejo).
Pedro Sánchez pasará por ser el peor secretario general de la historia del PSOE, por mandar en el peor PSOE de la historia, por ocupar la presidencia del Gobierno de España de la peor forma que nunca otro presidente lo había hecho, y por gobernar con el peor talante nunca visto desde hace un par de siglos. «Yo soy el presidente del Gobierno y haré lo que quiera en la Cámara». «Os vais a enterar». Confunde, en su mentalidad totalitaria, ser secretario general del PSOE, presidente del Gobierno, e incluso mostrarse como si fuera el jefe del Estado y generalísimo de los ejércitos. Le ha tomado gusto a formar en V con subordinados civiles y militares, ocupando su señoría el vértice de la V, sin que falte la foto para el álbum familiar. No distingue cuál es su función porque en su enorme narcisismo busca patológicamente acaparar todos los espacios. El ‘caudillo del PSOE’ mezcla lo público con lo privado y utiliza las instituciones del Estado, y el dinero público, al servicio de su persona y de su causa. Al uso y abuso partidista de la RTVE y del CIS, añade la agencia EFE, BOE, Consejo de Ministros, servicios de los Ministerios, Congreso de los Diputados, etc. La Transición y reconciliación han muerto; Franco y el Nodo han vuelto.
Proyección, fijación y regresión, tres mecanismos utilizados eficazmente por los totalitarismos, y una obsesión, la misma de Zapatero, pintar de rojo el mapa de España. Sánchez ni es fiable ni es creíble. «Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo» (Abraham Lincoln).