El sorprendente parecido entre la Vespa Velutina y el Covid-19

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Alfonso Raffin Licenciado en Veterinaria. Senior Advisor Agrobusines
León

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Actúa exactamente igual sobre la población, de abejas la primera y de humanos el segundo. Los dos han venido de Asia. Vespa Velutina es una avispa, que desde que llegó a Europa hace unos años, se ha extendido por todos los países aniquilando la población de abejas. La Asociación de Veterinarios Especialistas en Sanidad y Producción Apícola (Avespa) y otros grupos de científicos, llevamos tiempo estudiándola. Su comportamiento es diferente al de otras avispas, que desde siempre han atacado las colmenas, introduciéndose en ellas para apoderarse de la miel que guardan las abejas. Algunas consiguen su objetivo y otras mueren en el intento, al ser atacadas por tres o cuatro fieras obreras que la inmovilizan, clavándole una de ellas el aguijón.

Pero la Vespa, es mucho mayor, del tamaño de una moto (figuradamente). Y lo peor, mucho más fiera y sanguinaria. Utiliza otra técnica. Se coloca en vuelo de helicóptero frente la colmena, esperando la primera abeja que llega, que descuartiza con saña a ojos de sus compañeras. Las que han visto tal atrocidad, van a comunicarlo al resto de sus compañeras. De esa forma tan precisa y aún sorprendente y misteriosa que tienen las abejas. El resultado es que ninguna sale de la colmena a procurar alimento para la cría, para el invierno o para su propia subsistencia. La población se debilita progresivamente y acaban saliendo una a una, enfermas y perdidas a las fauces de su enemigo.

Los medios de comunicación han salvado muchas vidas informando a las personas del peligro que corrían si desoían a las autoridades y colapsaban de contagios, por ignorancia e imprudencia, los medios hospitalarios

Si los veterinarios esperáramos a que la evolución natural ponga todo en su lugar, veríamos como en mil años, una mutación de abejas haría que se extendiera una estirpe, que, al ver la Vespa, se prepararían, calentarían motores y la atacarían en nutrido grupo, para seguir su faena y su vida diaria. Como eso no lo podemos hacer, pues sabemos que de nuestras abejas depende la alimentación y la salud de nuestra especie (One Health), hemos ideado mallas eléctricas que impiden pasar a la Vespa y acercarse a la colmena a ostentar su terror, pero que las abejas, más pequeñas, pueden pasar para hacer su trabajo, obligar a la avispa a perseguirlas. Y a que, si les dan muerte, nunca sea reflejado en los medios de comunicación, que en su caso generan la muerte de toda la población.

¿Son los medios de comunicación malos en nuestra lucha contra el Covid-19? Bien utilizados no. Como en la comunicación de las abejas. Han salvado muchas vidas informando a las personas del peligro que corrían si desoían a las autoridades y colapsaban de contagios, por ignorancia e imprudencia, los medios hospitalarios. Nos han ido alertando, como podían, arriesgando sus vidas, de lo que pasaba primero en China y luego en Italia. Evitan, asesorándose, dejar circular bulos, de fármacos milagrosos que desaparecen al día siguiente de las farmacias. Va nuestro aplauso de las 20:00 horas también para ellos. En las guerras, en el peligro, a cualquier hora, siempre llegan, tan rápido como el socorro, informando y reclamando atención y solidaridad.

Pero este virus se va a servir de ellos para colapsar totalmente nuestra colmena e intentar diezmar nuestra población. Vivimos aterrados a la mortalidad que genera la pandemia ahora, la devastadora crisis económica que se aproxima, el azote humanitario que se prevé en el tercer mundo. Y el terror nos paraliza como a las abejas. Y nos hace pensar: esperemos, algo nuevo vendrá, tal vez una vacuna sorpresa o que el calor lo mate todo.

Los veterinarios vemos debilitarse el rebaño, antes de que llegue la esperada y nombrada “inmunidad de rebaño”. Una parte de la población vive ahora hiperactiva. Son los políticos, los sanitarios, los trabajadores de supermercados. La adrenalina les hace mantenerse lúcidos y sanos. Pero cuando llega el virus, y son los más expuestos, les encuentra sin ese combustible extra, que la naturaleza dota a todo ser vivo para enfrentar un peligro puntual.

Por otro lado, están los hipoactivos. Casi todos los demás. Niños, ancianos, camareros, limpiadoras, taxistas… Déjenme que me detenga en ellos. Representan a la perfección el desgaste psíquico y físico de todo el colectivo autónomo o empleado en servicios. El taxista despierta a la misma hora, coge su taxi, va al aeropuerto y ve lo mismo que ayer, no puede hacer nada. Y le dicen que tampoco podrá en muchos meses. No se sabe cuántos. Entonces decide ir a un hospital, con guantes y mascarilla y mil protecciones. Allí hay muchos colegas y cada vez menos clientes. Hace lo mismo cada día, ha entrado en bucle, igual que su cerebro, que piensa en la maldita hora en la que se metió hasta el cuello en ese negocio. Un día tendrá la extraña suerte de recoger a un irresponsable, que desafía las normas buscando trabajo, droga o sabe dios que. Un desesperado, que contagia el virus a un abandonado. Abandonado por las fuerzas. Nuestro taxista entrará en un hospital con obesidad, hipertensión y tabaquismo (todas las papeletas) a niveles muy superiores que al inicio de la pandemia. Y con niveles de endorfina, serotonina y otros conductores de la salud y la preparación para la vida, agotados desde hace meses.

Los medios de comunicación deben buscar cada día el “índice de salud del rebaño” y publicarlo más fielmente que el índice de muertos por Covid-19. Ya que el primero es futuro y el segundo es pasado. En breve, todos sabremos el índice de seropositividad o también llamado de inmunidad. Que a la gente volverá loca: ¿tú que eres? ¿es verdad que de positivo se puede pasar otra vez a negativo? ¿te lo puede pegar un positivo? ¿es verdad que solo contratan a los positivos? Pero que, a los veterinarios, como el Dr. alemán Weler, nos permitirá saber el camino que queda por recorrer.

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Justo en ese momento, o mejor ahora, los medios de comunicación deben poner encima de la mesa un debate fundamental. Ahora que conocemos mejor la enfermedad y como tratarla y que las uci y ventiladores están vacíos, pero nuestras reservas psíquicas y económicas se encuentra al límite ¿no es momento de iniciar la inmunización voluntaria, organizada y medicalizada? ¿no es momento de producir anticuerpos en masa para donar suero a todos los vulnerables?