Diario de León
Publicado por
Antonio Silván
León

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La carencia de liderazgo y de ideas han sido las notas predominantes desde que el señor Diez asumió la alcaldía. No obstante, ha sido durante estos meses de crisis sanitaria —y ya económica— cuando la capacidad de gestión del alcalde y su gobierno más han quedado en evidencia. Tristemente, podemos afirmar que en uno de los tiempos más duros para los leoneses, su alcalde se quedó mudo, inmóvil y sin ideas.

Siempre he pensado que en los momentos de crisis es cuando un gobernante tiene que dar lo mejor de sí, tomar las riendas, ser dinámico en la búsqueda de soluciones y activo en el contacto con todos los sectores de la ciudad. Sin embargo, tras las últimas decisiones del alcalde me temo que, en algunas ocasiones, es mejor la nada que determinadas actuaciones erróneas.

Digo esto porque, en pocos días, hemos visto cómo el gobierno municipal ha aprobado el gasto de casi 600.000 euros en el cambio de las placas de las calles y en la reforma de la calle Ordoño II. Decisiones sin sentido que nos dan a entender que el alcalde desconoce absolutamente la realidad económica que vivimos y las necesidades que tienen miles de leoneses.

La decisión más polémica de todas es la de acometer una reforma en Ordoño II de tal envergadura. El alcalde no ha acertado ni en el qué, ni en el cómo, pero, sobre todo, no ha acertado en el cuándo. No ha estado acertado en el qué porque no se puede afrontar una intervención en la principal calle de la ciudad de espaldas al resto de grupos municipales y, especialmente, de espaldas a los vecinos y colectivos a los que más va a afectar esta decisión.

No ha estado acertado en el cómo porque la propuesta es de un gusto discutible y de un difícil encaje en el entorno urbanístico de esa zona de la ciudad. El alcalde propone un proyecto que, si bien es verdad que fue sugerido para una de las principales calles comerciales de Londres, fue rechazado ampliamente por los habitantes de la capital británica y no se llegó a materializar.

Pero, siendo las dos cuestiones anteriores importantes, la mayor gravedad de esta decisión del alcalde es la de acometer esta reforma en estos momentos. Gastar, ahora, medio millón de euros en esta reforma totalmente aplazable es insolidario, temerario e irresponsable.

Es insolidario porque son ya miles los leoneses que, debido a la gravedad del momento, viven en situación de vulnerabilidad y con la incertidumbre como principal visión de futuro. Estos gastos, tanto la reforma de Ordoño II como la renovación de las calles, a las que se pueden sumar otras partidas como las de las fiestas de la ciudad, serían muy útiles para ayudar a todas esas familias que están pasando dificultades y a sectores que emplean a miles de personas en la ciudad como la hostelería, el comercio o, en general, pequeños autónomos.

Si hay una figura pública que debe tener especial sensibilidad para percibir lo que están viviendo sus vecinos, esa es la del alcalde. Lamentablemente, parece que la percepción que mayoritariamente predomina en la ciudad de un alcalde encerrado en su despacho no es solo una apreciación habitacional. Este gasto, además, es temerario porque uno de los principales sectores de la ciudad —y uno de los más afectados por la crisis que estamos viviendo— es el comercio de proximidad. ¿Piensa el alcalde que en este tiempo de incertidumbre y de caída de las ventas esta es la iniciativa que más conviene a este sector y a las personas que en él trabajan?

Finalmente, este gasto es irresponsable porque al alcalde, demostrando tener el gen típico del socialismo leonés bien arraigado, no parece importarle el importante impacto que esta crisis va a tener en el equilibrio presupuestario de un ayuntamiento aun en dificultades económicas. Con todo el cuajo, el alcalde ha anunciado simultáneamente, por un lado, que estimaban una caída mínima de 8 millones en los ingresos para este año y, a la vez, ha aprobado gastos por valor de 600.000 euros en la renovación de las placas del callejero o en la reforma de Ordoño II.

Aún no sabemos qué plan tiene el gobierno social-comunista de León para encarar esa «bestial» —en palabras del propio alcalde— caída de ingresos. No sabemos qué partidas de gasto e inversiones piensa ajustar. No sabemos qué planes tiene para incentivar sectores como el comercio, la hostelería o la ayuda a autónomos y pequeñas empresas. No sabemos si va a subir los impuestos. No sabemos cómo —si es que piensa hacerlo— va a ayudar a las familias en dificultades. No sabemos cómo —si es que piensa hacerlo— va a proporcionar medios de protección a los leoneses. No sabemos cómo piensa evitar que, tras los últimos años de gobierno del PP metiendo en cintura la deuda que dejaron, el ayuntamiento vuelva a presentar unas cuentas deficitarias que arruinen el trabajo y el esfuerzo de todos los leoneses durante estos años. No sabemos ni estas ni otras muchas cosas, pero lo que sí sabemos es que, tras dos meses desaparecido, lo más importante para el alcalde es gastar 600.000 euros en renovar las placas de las calles y en pintar Ordoño II de prismas de colores mientras pide a varios sectores de la ciudad que se aprieten el cinturón, en una falta de ejemplaridad preocupante. Un alcalde que hubiera estado a pie de calle en estos dos meses de dificultad nunca hubiera tomado estas decisiones.

En los tiempos de dificultad es cuando la experiencia en la gestión, la capacidad y el liderazgo de los gobernantes pueden incidir más positivamente en los ciudadanos. Lamentablemente, en estos tiempos, es también cuando la carencia de los mismos más daño pueden provocar.

Por ello, a pesar de la falta de ideas del alcalde y su gobierno, el grupo municipal del PP ha presentado hace semanas públicamente una batería de propuestas que abarcan el plano económico, social y de protección contra la pandemia. Propuestas detalladas que son fruto de la experiencia y del diálogo con los agentes sociales y vecinales de la ciudad.

Por otro lado, dentro de las posibilidades que la ley y la democracia nos ofrece y a pesar de la huída hacia adelante del alcalde en este asunto, hemos pedido un pleno extraordinario para poder realizar el debate que el alcalde pretende hurtar a la ciudad y solicitar que el montante de esta intervención se destine a ayudar a las familias en situación de vulnerabilidad, a sectores en dificultades como el de la hostelería y el del comercio o en material de protección contra el virus para los ciudadanos.

Pido al alcalde que reflexione y que entienda que su obsesión por dejar su impronta en la ciudad no puede ser una prioridad cuando hay mil leoneses más en paro que hace dos meses, cuando decenas de familias han tenido que ir a comedores sociales ante la falta de ingresos, cuando cientos de negocios aun no han podido abrir sus puertas, cuando la población sigue confinada y cuando, desgraciadamente, más de 400 leoneses han muerto por causa del coronavirus.

Reaccione alcalde. Abra la puerta del despacho. Escuche a los leoneses. Reflexione. Ya tiene nuestras propuestas y mi compromiso para afrontar esta situación desde que todo comenzara. No es tiempo de egoísmos, no es tiempo de proyectos ni obsesiones personales, no es tiempo de frivolidades. Es el momento, más que nunca, de pensar en las personas. Hágalo y ahí tendrá a los concejales del Partido Popular.

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