Diario de León
Publicado por
J. F. PÉREZ CHENCHO
León

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NO ha podido ser en el trigésimo primer aniversario. Estaban los dioses confabulados para el milagro, pero la plebe de diáconos, sacerdotes y obispos -esto es: jugadores, cuerpo técnico y directivos- se empeñaron en desgraciar el futuro. A la Cultural le correspondía el ascenso por tradición. Hace 31 años, ganó la liga el Valencia, descendió el Zaragoza y ascendió la Cultural. Los dos primeros actos ya estaban escenificados. Faltaba el tercero y en la afición leonesa se daba por hecho que la obra acabaría en gran apoteosis. ¡Y un huevo!. La Cultural tendrá que esperar una temporada más para entrar en la categoría de plata. El pasado sábado, a esa hora prodigiosa de las 11 de la noche -no hay nada más confabulador que rondar la medianoche cuando el termómetro se excita- la afición leonesa salía del Antonio Amilivia con el entrecejo fruncido. El Motril nos borró la sonrisa. Algún aficionado se lo tomó, como al Piyayo, a chufla e hizo sonar la bocina de su choche, mientras agitaba la bandero la de la Cultural: «Alegrémonos -pregonaba-, hemos salvado la categoría. Fue la respuesta tremendista a una incapacidad absoluta del equipo. Una derrota que devolvió a la Cultural a la nada. Habrá que esperar al trigésimo segundo aniversario. Quizá sea igual de decepcionante, comprobado lo que ha pasado en su antecesor. La historia tiene ciclos, pero no se acuesta con los indolentes. En la Cultural ha faltado lo esencial: equipo. Un equipo ahormado para vencer al Amurrio, al Marino y a otros nombres menores, pero atenazado para más altos vuelos. Ha fallado el equipo, el cuerpo técnico y la directiva. Jamás otros tuvieron tanto apoyo. Pidieron placet de dos años y ya han agotado el primero, con algarabía publicitaria, una afición excepcional, un campo diez y una gestión bajo sospecha. Tienen la segunda oportunidad. Ni una más. Si no la solventa con éxito, la cuadrilla de ladrilleros dará paso a la del adobe. El Cultu-Motril (1-4) sonrojó a la afición leonesa. Sobre todo por el antifútbol del equipo leonés. Hacía un calor caribeño en la ciudad y la frustración flotaba como una torda negra sobre todas las terrazas. Pero eso fue el sábado. Y de la frustración del sábado se pasó a la resistencia épica de la Seleccional Nacional el domingo a mediodía ante Irlanda. El partido España-Irlanda para decidir qué selección sacaba boleto para los cuartos del Mundial, fue merecedor de una elegía cantada por Homero. Tuvo todos los ingredientes: alegría inicial, tristeza posterior, miedo, resistencia y pánico hasta el júbilo final. Y además contó con héroe para la perfecta redacción: Ike Casillas. El guardameta -detuvo tres penas máximas- se convirtió en el prófugo de los hados, pero siempre amparado por los otro dioses. El encuentro de clasificación para cuartos fue el más débil de la Selección en lo que va de Mundial. Los entendidos dicen que Camacho metió la pata hasta la ingle. Nadie le ayudó a sacarla. Importa poco a estas alturas. Lo realmente crucial es tener la certeza de que el portero de España, Ike Casillas, está tocado por Homero para repetir otros versos épicos.

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