EN EL FILO
Se agitan las aguas delPP
STÁ viviendo el Partido Popular las vísperas de una crisis ministerial y también las de una laboriosa designación de sus candidatos para las elecciones municipales y autonómicas que vienen, y en estas circunstancias no debiera sorprender que las plácidas aguas del partido se hayan agitado levemente. Las ha removido el ministro Francisco Álvarez Cascos al calificar de «un error muy grande» los métodos de trabajo de su sucesor en la secretaría general, Javier Arenas, a quien atribuye una lluvia de encuestas sobre Madrid -capital y pueblos- para que la demoscopia escoja los candidatos más idóneos, arrebatando esa tarea al partido. La crítica del ministro no se ha debido a un desahogo espontáneo sino más bien al deseo de advertir a la superioridad de que la vieja guardia del PP, la que realizó a veces heroicamente la travesía del desierto, no debe ser arrinconada ni a la hora de las grandes decisiones internas, como la designación de candidatos electorales, ni a la de una remodelación ministerial, que más bien se estaría configurando como una crisis de gabinete, pues algunas sustituciones van a interpretarse como dolorosos sacrificios humanos. Todos los portavoces populares, incluido el atacado Arenas, se han sumado a las críticas de Álvarez Cascos mediante la estrategia de asegurar que la encuestas encargadas carecen de poder decisorio, pues no son más que elementos de trabajo, que, por otra parte, siempre se habían utilizado en el PP. Las decisiones se tomarán dentro del partido y por el partido, afirma tajantemente Javier Arenas. Pero el ministro de Fomento, quien ya demostró en el último congreso del PP la amplitud de sus apoyos, parece encontrarse políticamente oscurecido en su departamento, y estaría dispuesto a hacerse ver y oír en estas vísperas de tanto. Por mucho que saliera ayer Fraga desde su Galicia natal compartiendo las críticas de Álvarez Cascos, la fuerza de éste se debe a sus once años como secretario general, o número dos de Aznar para todo, incluido en ese todo la estrategia de oposición, no siempre leal, que llevó a su partido al poder. Las declaraciones de este político de raza, al chocar contra la unanimidad placentera y disciplinada del PP, producen ante la militancia un efecto de luminosidad en la que se acierta a percibir esas zonas sombrías que todo partido lleva dentro. Se habrá quedado solo Álvarez Cascos en sus recientes críticas a la fusión de las dos plataformas digitales, pero debe sentirse ahora muy acompañado tras la arremetida contra su sucesor, como habría sucedido en cualquier otra fuerza política y en parecidas circunstancias.